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N.º 41

JUNIO 2006

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Divorcios y separaciones, ¿van aumentando?

Florentina J. Zamora Vigo

  

  

A

  

     

La sociedad había impuesto un modelo en el que las  madres inculcaban a sus hijas el espíritu de sacrificio respecto del marido y de los hijos, y tenían que aguantarlo todo, tanto el maltrato físico como el psicológico, ya que salvaguardar el matrimonio estaba por encima de todo, incluso de la propia vida.

  

ctualmente uno de los temas que más da que hablar y que logra imponerse, normalmente, como eje temático en las tertulias de cualquier nivel social son los problemas matrimoniales o de pareja, sobre todo cuando éstos tienen su origen en los malos tratos o en los engaños (o “los cuernos”, como espeta en sutil metáfora el lenguaje coloquial).

La moral nacional del catolicismo impuesta en España por el régimen de Franco, que perduraría en nuestra sociedad hasta la llegada de la Democracia a finales de los 70, iba a relegar a la mujer en un segundo plano y sin poder de decisión. La sociedad había impuesto un modelo en el que las  madres inculcaban a sus hijas el espíritu de sacrificio respecto del marido y de los hijos, y tenían que aguantarlo todo, tanto el maltrato físico como el psicológico, ya que salvaguardar el matrimonio estaba por encima de todo, incluso de la propia vida. Por esa época, el divorcio no estaba legalmente reconocido, incluso la separación era entendida como una vergüenza para la mujer que la llevaba a cabo. Afortunadamente, este estado de cosas ha cambiado mucho en la actualidad, tanto en las causas como en las consecuencias. Hay que reconocer que, con el aire fresco de nuestra joven democracia, esto ha ido mejorando mucho en los últimos años, aunque aún queda camino por recorrer hasta lograr la plena igualdad entre hombre y mujer.

Las causas del aumento de rupturas matrimoniales son muy variadas. Últimamente se está produciendo un gran aumento de separaciones que tienen su motivo en los malos tratos de que es objeto la mujer. No es que el índice de divorcios o separaciones se haya disparado caprichosamente, como algunos creen. La Sociología ha constatado que el maltrato a la mujer siempre ha existido en mayor o menor medida y, en consecuencia, la ruptura del matrimonio se ha dado de manera más o menos inmediata. Lo que ocurre es que ahora este hecho se da a conocer a través de los medios de comunicación, cosa que antes se ocultaba, y, además, la legislación vigente penaliza a los maltratadores severamente protegiendo a la parte más débil en todo esto, que no es otra que la mujer. Ahora, las mujeres se han decidido por denunciar a sus maridos maltratadores, sabiendo que se sienten respaldadas por las decisiones judiciales, algo que en etapas anteriores era impensable.

La otra causa que se adjudica un gran porcentaje en la tasa de separaciones conyugales es la infidelidad. El tema de la infidelidad se soporta cada día menos. Hoy en día, las parejas no suelen durar mucho debido a la extrema facilidad con que se establecen y, también, se destruyen las relaciones entre un hombre y una mujer. El aspecto más frecuente que adopta la infidelidad en nuestros días, lo aporta el llamado “rollo de una noche”, esa inesperada relación que surge involuntariamente entre dos personas se conocen en una fiesta, en una discoteca o son presentadas en un “botellón” cualquier fin de semana y en cualquier calle. Sin pretenderlo, entablan una incipiente amistad, pasan al “ejercicio carnal” y, luego, si te vi, no me acuerdo. Se observa incluso el relevante papel que la mujer está adquiriendo últimamente a la hora de tomar la iniciativa en inicio de este tipo de relaciones fugaces.

Los matrimonios entre jóvenes, sobre todo, no parecen estar por la labor de prolongar una relación con otra persona durante demasiado tiempo. A la más mínima discusión o problema que surja en la pareja, “se van con la música a otra parte”. Eso de aguantarse el uno al otro hasta que la muerte se interponga ha pasado a mejor vida. También está claro que se lucha menos por mantener una estabilidad en las relaciones: la gente no aguanta ni un día de malestar a no ser que la separación suponga una larga tramitación burocrática con implicaciones pecuniarias o afecte a terceras personas, como pueden ser los hijos, ya que éstos son siempre ―no quepa la menor duda― los más perjudicados en este tema. De cualquier manera, cuando una relación no funciona, lo mejor es dejarla, y, así, todos sufrirán menos.

Además de estas causas, ahora hay otros factores que también ayudan a explicar este aumento de separaciones. Citemos sólo dos a título de ejemplos: la independencia económica de la mujer, ya que ésta no depende del sueldo del marido para vivir, y una mayor valoración de la mujer debido a la apertura al mundo laboral y de los negocios, ya que le ha permitido generar una aceptación de sí misma difícil de conseguir en otros tiempos.

  

     

Los matrimonios entre jóvenes, sobre todo, no parecen estar por la labor de prolongar una relación con otra persona durante demasiado tiempo. A la más mínima discusión o problema que surja en la pareja, “se van con la música a otra parte”.

  

De esta manera, si la mujer deja al marido ahora, no tiene por qué pensárselo dos veces, puesto que puede valerse de su trabajo para salir adelante y no estar supeditada al sueldo de su compañero. Esto le da una absoluta libertad a la hora de tomar determinaciones de todo tipo. Del mismo modo, la formación de las mujeres ha crecido espectacularmente en las últimas décadas. Ahora podemos verlas dirigiendo empresas y ocupando puestos de gran responsabilidad en la vida pública y política de nuestro país. Incluso algunos partidos políticos han establecido la llamada “cuota del 50%” a la hora de confeccionar las listas electorales.

Desde luego, los problemas antes referidos existían desde antiguo, y si la mayoría de los matrimonios de antes duraba toda la vida, era debido a que no existía otra alternativa para la mujer que aguantar pacientemente, pero ahora, al igual que avanzan las tecnologías, los modos de vida en pareja también, y éstas son las razones por las que hoy día las separaciones y divorcios van aumentando.

Con todo, aún cabe otra explicación del progresivo deterioro de las relaciones conyugales. Cierto es que todo cambia. Evolucionan las costumbres, la tecnología, la forma de vida y, cómo no, la forma de ver las relaciones de pareja. Y es que con el ritmo de vida al que estamos sometidos y la presión que sobre nosotros ejercen determinados factores antes inexistentes o, al menos, menos asfixiantes (las hipotecas, el vestuario de los hijos, las obligadas vacaciones estivales, la puesta al día de los electrodomésticos, etcétera), no nos damos cuenta de que cada vez dedicamos menos tiempo a nuestra pareja, cada vez dialogamos menos con nuestros hijos, cada vez dedicamos menos tiempo a nuestra familia... y eso, al final, nos pasa factura. No nos quepa la menor duda.

  

  

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Florentina Jennifer Zamora Vigo (Málaga, 1987) realizó los estudios de Educación Primaria en el C.P. “Eduardo Ocón Rivas”de Benamocarra. Posteriormente, cursó los estudios de ESO en el I.E.S. “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga. Actualmente, estudia 1.º de Magisterio en la especialidad de Maestro en Educación Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. Curso académico 2005-2006.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 41. Junio 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Florentina J. Zamora Vigo. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). La revista no comparte necesariamente la ideología o creencia que pudiera contener este escrito.