N.º 39

MARZO 2006

3

  

  
  

El sueño

Xerach Villén Pérez

  

L

a materia de los sueños, ¿cómo describirla? Desde luego, no es fácil de asimilar para el conocimiento humano, pues todavía no tenemos los conocimientos previos para poder empezar a entender de qué están hechos, cómo se originan y, lo que es aún más importante, la repercusión que tienen en nuestra vida. Esta historia trata sobre ellos y la distancia entre el mundo real y el mundo de los sueños, dos lugares muy diferentes pero que están estrechamente relacionados.

En un atardecer como otro cualquiera, Steve se dirigía de vuelta a casa tras la dura jornada laboral. Él trabajaba como transportista de productos químicos para una pequeña empresa de la ciudad en que vivía. Disponía de un pequeño camión con una buena capacidad de carga para su escaso tamaño.

Steve tenía que trabajar alrededor de unas nueve horas diarias, durante las cuales viajaba a las ciudades cercanas realizando envíos de diversos productos; entre ellos, el más usual era el nitrógeno liquido, aunque también realizaba pequeños trasvases de fertilizantes y otras sustancias químicas destinadas a favorecer la agricultura.

  

    

Estaba totalmente cansado y, a los pocos segundos, ya estaba dormido. Un largo y pesado sueño le acababa de invadir y, a partir de ese momento, la consciencia le abandonó para toda la noche.

  

Circulando por la ciudad en dirección a su hogar, Steve comenzaba a notar los efectos del cansancio, los párpados le pesaban cada vez más y ya no coordinaba bien todos sus movimientos, sus reflejos disminuían hasta el mínimo nivel necesario para mantener el control del vehículo. De esta forma, sin saber cómo, Steve llegó a su hogar sin grandes problemas.

Había realizado tantas veces el mismo camino, que podría conducir perfectamente hasta con los ojos cerrados. Inconscientemente tenía un esquema mental de todo el trayecto en su cabeza, que su cuerpo ejecutaba de modo automático, sin tener que meditar en nada las acciones que realizaba. La vuelta a casa desde la oficina duró un solo instante para él, aunque verdaderamente habían transcurrido bastantes minutos.

Una vez llegado a la pequeña calle donde vivía, estacionó su camión a pocos metros de su casa y, prácticamente, se arrastró hacia la puerta. Aparentemente daba la impresión de sufrir una intoxicación etílica cuando bajó del coche, pero éste no era su caso, el cansancio había llegado hasta tal punto que le impedía andar correctamente. Tuvo que intentar varias veces introducir la llave en la cerradura hasta que por fin consiguió abrir la puerta.

Antes de entrar, dirigió una breve mirada a la vecindad. Pequeñas casas poblaban toda la calle, que, a pesar de ser corta, tenía una anchura considerable, por la que podían circular vehículos de grandes dimensiones sin problemas. Era el típico barrio de diminutas casas cercano a las afueras de la ciudad. Los grandes edificios del centro no eran muy comunes por dicha zona, se podría decir que eran inexistentes.

Una vez dentro, Steve se arrastró hasta la cama, donde se tumbó rápidamente, sin llegar a quitarse la ropa siquiera. Estaba totalmente cansado y, a los pocos segundos, ya estaba dormido. Un largo y pesado sueño le acababa de invadir y, a partir de ese momento, la consciencia le abandonó para toda la noche.

Al principio, todo esta oscuro, no se piensa en nada, no se ve nada, no se siente nada... Se podría decir que se habita en el plano de la no-existencia o que se vuelve al principio de todo, a antes del nacimiento, cuando no se tiene la percepción de estar vivo. De esta forma se sentía Steve, aunque, claro, ni siquiera él lo sabía. Para Steve era imposible saberlo, porque el sueño es el dueño del cuerpo y de la mente, y cuando te invade, sólo permite mantener activas las más importantes funciones vitales y domina los sentidos hasta hacerlos casi desaparecer. Pero este último aspecto no es tan negativo como parece, el sueño abre otro tipo de percepciones, que no son humanas ni naturales, van más allá de lo sensorial y permite captar los estímulos que no pertenecen a los círculos del mundo.

De pronto, la vista de Steve comenzó a aclararse. Lo primero que vio fue una brillante luz que lo ocupaba todo y cada vez se hacia más potente hasta inundar todo el espacio donde se encontraba. Este fogonazo de luminosidad sólo duro unos segundos, después todo se hizo visible. Se encontraba en la habitación de su casa, a una altura de dos metros por encima del suelo, casi rozaba el techo. Desde esta posición, podía ver su cama y a él mismo en total estado de reposo. Todo era normal y reinaba una aparente calma en toda la habitación. Steve se miraba las manos y no encontraba cambio alguno en su cuerpo, solo tenía la sensación de flotar en el espacio de su habitación.

Este hecho le parecía extraño en un principio, pero luego se dio cuenta de que también le era extremadamente familiar. Steve estaba situado a un metro por encima del suelo, levitaba sobre la habitación sin temor alguno, dejándose arrastrar por las pequeñas corrientes de aire que surgían de la ventana. Usando su instinto para desplazarse por el aire, se acercó hasta la cómoda donde, justo encima, había situado un gran espejo, pero por mucho que se acercaba, no lograba encontrar su reflejo.

Y es que el espejo esta hecho de materiales de la tierra y sólo refleja lo que pertenece a la tierra, al mundo sensible. El estado de la mente de Steve había sacado fuera de sí la otra mitad que constituye  la materia viva, es decir: «su yo astral», cuando su alma toma consistencia etérea y el espíritu no está ligado al cuerpo y tiene total independencia.

Transcurrieron pocos segundos tras su intento de verse ante el espejo, cuando, de pronto, un túnel luminoso surgió ante él. Una gran abertura por la que cabía fácilmente un hombre apareció de improviso en la pared de su cuarto. El túnel desprendía el olor de un mundo nuevo, sonidos difícilmente identificables y la visión, a lo lejos, de un lugar totalmente diferente. El aura luminosa que rodeaba a la entrada del túnel invitaba a pasar al otro lado y su aparente calma era el ancla que tiraba de Steve para acercarlo hacia él. Antes de entrar por el túnel, dirigió una breve mirada hacia su cuerpo inmóvil y, sin pensárselo dos veces, cruzó el portal, cerrando los ojos.

  

    

Cuando los abrió, se encontró ante un paisaje maravilloso, grandes cascadas de agua cristalina se distribuían alrededor de toda una llanura verde. Inmensos árboles de varias decenas de metros de altura daban sombra a una vegetación de lo más variada.

  

Cuando los abrió, se encontró ante un paisaje maravilloso, grandes cascadas de agua cristalina se distribuían alrededor de toda una llanura verde. Inmensos árboles de varias decenas de metros de altura daban sombra a una vegetación de lo más variada. Steve sabía de las múltiples flores que adornaban a estas plantas, pues fue jardinero antes de conseguir su trabajo actual, pero no las conseguía reconocer totalmente. Le parecían extremadamente familiares, pero no podía reconocer su especie, aunque este aspecto tampoco le importaba mucho.

Steve no hizo el más mínimo intento por analizar nada, sólo se dejaba guiar por su emoción e instinto, sin prestar demasiada atención a sus nuevos sentidos. La percepción en el mundo de los sueños no es la misma que en el mundo sensible, los sentidos varían de forma considerable y se relacionan con la imaginación.

Steve, que se encontraba flotando a varios metros sobre un pequeño lago, sólo tenía que imaginar un fruto en su mano para que éste apareciera sobre ella. Maravillado ante este hecho, casi tira la pequeña manzana que había imaginado, pero una vez que la había sujetado correctamente, la dirigió hacia su boca. La manzana era totalmente real, olor, gusto y tacto eran iguales a los de cualquier otro fruto del mundo sensible. Steve no salía de su asombro, ni siquiera consideraba que podía encontrarse en un sueño, las sensaciones eran reales y se sentía perfectamente consciente.

Poco tiempo tardó Steve en ver pájaros de distintas especies volando alrededor de él o estableciendo círculos concéntricos cercanos a la superficie del lago. Estas aves eran de colores vistosos y tenían largas colas de pequeñas plumas doradas. Steve volaba entre ellas durante largo tiempo y, además,  podía entender su  armonioso canto, que hablaba sobre los orígenes de la selva en la que habitaban y de los diferentes seres que la poblaban. Steve podía sentir esos otros seres, aunque no conseguía verlos de ninguna forma.

De improviso, las aves que volaban con él se alejaron y sólo una pequeña ave de plumas rojizas y de aspecto semejante a una golondrina se acercó para decirle una breve frase: «Los sueños no son reales para todos». Steve se quedó pensativo ante este comentario, no comprendía su significado, ni por qué se lo habían comunicado a él.

Un pensamiento de duda le cruzo la mente, y éste tuvo drásticas consecuencias, porque todo el paisaje que le rodeaba comenzó a desaparecer ante sus ojos y el cielo perdía su tono azulado para tomar un oscuro color negro que se iba extendiendo a lo largo de todo el terreno.

Antes de que los árboles o cualquier otro ser vivo o inerte fuera tocado por la gran masa negra que se acercaba, éstos perdían sus colores hasta hacerse trasparentes y desaparecer. Steve perdió la capacidad de volar y descendió hasta quedar envuelto por una negrura total.

De nuevo, unos segundos transcurrieron antes de que la luz volviera para Steve, que ahora se encontraba en otro lugar. Esta vez se encontraba sentado en la cuneta de una carretera perdida en los mapas y mal asfaltada. Una intensa lluvia caía en aquella zona. Con la ropa totalmente empapada, Steve miraba fijamente a la carretera. Era noche cerrada y la oscuridad era completa, aunque no silenciosa, porque el sonido de la lluvia y los truenos  se repetía constantemente.

El intenso viento le azotaba la cara, aunque Steve no hacía el más mínimo esfuerzo por protegerse, estaba totalmente absorto observando la carretera, y su persistencia tuvo pronta recompensa, pues, a lo lejos, veía cómo un vehículo de no muy grandes dimensiones se acercaba a gran velocidad. Steve estaba totalmente tranquilo, pero su ánimo cambió de pronto, cuando el vehículo perdió el control al caer un intenso rayo cerca de su trayectoria.

Las consecuencias de este hecho fueron rápidas, el suceso sólo duró unos segundos, tras los cuales el vehículo aparecía volcado a escasos metros de Steve. Aunque la oscuridad no permitía ver nada, los breves relámpagos daban una idea del estado del vehículo.

Steve se acercó con paso vacilante hacia él, estaba muy nervioso por el accidente que a punto había estado de costarle la vida, pues había conseguido esquivar al vehículo en el último momento. En cuanto llegó a las puertas del mismo, cayó de rodillas y la expresión de su cara pasó del miedo prematuro al horror más completo. El vehículo que se había estrellado frente a él era su propio camión, pero no fue esto lo que verdaderamente asustó a Steve, sino el ver sus manos cubiertas de su propia sangre, después de llevárselas al rostro.

A partir de ese momento, Steve sabía quién era el conductor de dicho camión, en el interior de la cabina pudo observar su propio cuerpo. Steve no podía comprender este hecho. ¿Cómo era posible encontrarse en dos lugares al mismo tiempo? Y otra pregunta más inquietante le atemorizaba aún más, ¿cómo podía estar vivo si su propio cadáver se encontraba frente a él?

  
    

Esto fue suficiente para que cambiara todo el escenario donde se encontraba. Ahora se encontraba en un amplio desierto sin nada vivo alrededor, ni vegetal ni animal.

  

Totalmente asustado y sin saber adónde dirigirse, Steve recibió una inesperada visita. La figura de un perro salvaje apareció ante él, y aún más sorprendentes fueron sus palabras: «Las pesadillas suelen dominar la noche». Tras estas palabras, Steve quedó pensativo y, por un instante, imaginó despertar, y esto fue suficiente para que cambiara todo el escenario donde se encontraba. Ahora se encontraba en un amplio desierto sin nada vivo alrededor, ni vegetal ni animal. Enfrente de él se encontraba el portal de vuelta a casa. A través de su marco de luz podía ver su cuarto, su cama y a él mismo durmiendo. Cuando se disponía a cruzar sin pensarlo un instante, sufrió un pequeño traspié que casi le hizo caer al suelo. Éste se lo había provocado un pequeño lagarto al cruzar vertiginosamente entre sus piernas. El animal, salido de la nada, le dirigió una pequeña frase antes de desaparecer: «Pesadilla y sueño son dos caras de la misma moneda».

Nada más decir esto, Steve miró a su alrededor y vio cómo a ambos lados del desierto comenzaban a aparecer los dos mundos en los que había estado, la espesa selva del primer mundo hacia un lado, y la oscura tormenta del segundo mundo hacia el otro. Estos dos paisajes comenzaron a extenderse rápidamente por el amplio desierto, aunque Steve no se quedó para ver el resultado de su unión y, sin pensárselo dos veces, cruzó el portal... y despertó.

Steve se incorporó de la cama en un instante, se llevó la mano a la frente para quitarse el sudor frío y notó cómo el nivel de sus pulsaciones empezaba a decrecer. Seguidamente, se dirigió al cuarto de baño para lavarse la cara. Mientras se aseaba, contemplaba la imagen de su rostro reflejada en el espejo. No podía recordar casi nada de lo que había soñado, sólo breves imágenes de los dos mundos donde había estado y las dunas del desierto; aunque ni siquiera podía recordar la puerta luminosa y otros muchos detalles, que se perdían en su mente.

Al poco tiempo de haberse despertado Steve, salió el sol, lo que significaba el comienzo de una nueva jornada laboral para él. Steve no prestó ninguna importancia a lo que le había sucedido y rápidamente se marchó a trabajar. Estaba seguro de que, a los pocos días, habría olvidado todo lo que le había sucedido en aquel incomprensible e inquietante sueño.

Para la mente racional de cualquiera, uno puede pensar que los sueños son asociaciones de recuerdos realizadas de forma arbitraria por el cerebro durante la noche de manera inconsciente. Y esto puede tener su parte de verdad, pues Steve había visto el día anterior un documental sobre la selva amazónica en un programa de televisión y este hecho se podía relacionar con el primer mundo donde estuvo, además del sueño que tenemos todos los seres humanos de volar. En el caso del segundo mundo, Steve tenía un miedo terrible a las tormentas fuertes desde que era niño y a la visión de la sangre por supuesto, y mucho más si era la suya propia.

Viendo estos dos casos, cabe pensar que los sueños son una actividad cerebral del organismo cuya función aún no hemos descubierto, o bien la segunda opción, esa opción que nadie considera y que consiste en que los sueños o pesadillas son recuerdos de un mundo diferente al cual viaja nuestra conciencia cuando el cuerpo está dormido, aunque todos esos recuerdos se pierden al volver al mundo físico, al mundo real.

Steve siempre había sido partidario de la primera opción, pero la visión de un perro callejero idéntico al de su sueño, nada más cruzar la calle al dirigirse hacia el camión, le hizo estremecerse y comenzar a plantearse no pocas cosas.

¿Simple coincidencia? Es posible, pero sobre los sueños no se tienen, con ninguna seguridad, todas las respuestas.

  

  

  

  

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Xerach Villén Pérez es diplomado en Maestro en Lengua Extranjera (sección: Inglés) por la Universidad de Málaga, en cuya Facultad de Ciencias de la Educación ha cursado los estudios.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 39. Abril 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Xerach Villén Pérez. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con la autorización expresa del editor o de los autores.

  

  

  

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