N.º 38

MARZO 2006

3

  

  
  

Purgatorio

Camila Méndez Burgos

  

N

o había túneles. No había jardines. No había nada. Tampoco sentía esa paz especial que se cree acompañar a quienes fallecen, y ni siquiera se escuchaban esas voces celestiales que pensó lo trasladarían al estado de los muertos. Miguel no fue a ninguna parte.

  
     

Llegó a pensar que iba a entrar al túnel. Que muy pronto lo vería. Seguro que era eso. Ese instante, sin caminos ni encierros. Así debía ser. Todo negro.

  

Sostenido en la penumbra, lejos de la Tierra y de la vida, llegó, sin visiones, ni preludios sublimes a ese momento. El cáncer lo trajo. Luego de años de padecimientos, quimioterapias y dolores irremediables, la muerte era su única esperanza, aunque no tuvo que esperar demasiado para entender que no lo era.

Se sentía liviano y enrarecido, con el cuerpo transparente y deshecho, que revelaba brillos efímeros, mientras iba formando, a través de su movimiento, un vaho grasoso que lo perseguía con las huellas de su paso transitorio. Llegó a pensar que iba a entrar al túnel. Que muy pronto lo vería. Seguro que era eso. Ese instante, sin caminos ni encierros. Así debía ser. Todo negro. Menos él y la luz resplandeciente que se asomaría para recordarle que iba a estar salvado, que encontraría el cielo, con ángeles gigantes y la paz eterna sería suficiente para explicar el origen del hombre. Ya no indagaría sobre nada si los precipicios se extinguían.

No ocurrió. Miguel se iba impulsado por una corriente triste a un lugar impensable en las cabezas de los creyentes que rezaban por él abajo. No era el paraíso. Ni tampoco el infierno. Era quietud y mortificación.

Irritado por la sospecha, se preguntaba dónde quedaron todas las cosas que siempre esperó por ver, la mano divina que lo llamaría, su castigo, su arrepentimiento, su recuento de una vida inmoral y pecadora, o ¿dónde estaría su descanso, su espíritu libre y sin vestidos? ¿Todas esas historias eran falsas?

―Abuela, ¿no vas a aparecer para guiarme? ―  dijo temblando por escuchar sólo su voz interna.

En medio del desespero, alcanzó a llorar. Pidió perdón y rogó por que la incertidumbre terminara.

Después se bloqueó y dejó de pensar. Siguió volando solo, taciturno y arrastrado por el silencio, exento ya de agonías, porque sus sentimientos de pertenencia se habían desvanecido y ya no sentía nostalgia por dejar la vida o miedo por presentir lo que iba a suceder. Estaba claro que no iría a ninguna parte, que no habría rastro de su existencia y que, como todos los que habían muerto, sería arrojado lejos de lo que fue, al final de un universo sin bordes, donde las almas desaparecen.

  

  

  

  

_______________

Camila Méndez Burgos (Montería, Córdoba, Colombia, 1979) está graduada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad Sergio Arboleda. Desde comienzos del 2002, ejerce como corresponsal de temas diversos (inmigración, comunidad, cine, arte y cultura, entre otros) en diversas revistas y colabora en varios diarios y revistas. Actualmente escribe para las revistas ‘Libros & Letras’, en la que también forma parte de la agencia de noticias culturales que diariamente maneja información literaria. Coordina y dirige la página web ‘Revista Literaria Azul’ (www.revistaazul.tk). Ha escrito cuentos y poemas, muchos de los cuales ha publicado ya nuestra revista.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 38. Marzo 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Camila Méndez Burgos. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con la autorización expresa del editor o de los autores.

  

  

  

    Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito
El contador para sitios web particulares