N.º 38

MARZO 2006

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Un viaje astral

Carolina Osorio Soto

  

D

espués de haber escrito varias redacciones como ésta, en las que hablaba del Método Silva y todas sus aplicaciones, mi interés por el conocimiento de nuevas cosas ha puesto sus ojos en el campo de lo paranormal o, si se prefiere, de lo que trasciende nuestras percepciones empíricas.

El curso pasado, una amiga y yo hablamos e intercambiamos opiniones acerca de las creencias personales en materia esotérica, que si la energía, que si Dios, que si la vida después de la muerte... y me dejó un libro titulado El Arte del Chi-Kung. Con él, descubrí que existe la energía corporal y que es posible moverla por el cuerpo con la mente. Además, esta energía está en estrecha relación con la energía universal, con Dios. El Chi-Kung usa la energía a voluntad. “Otro lado”, “energía”, “Dios”...

  
     

Empecé a sentir en ese momento como si me elevara y a la vez me moviese hacia atrás.

  

Pero ¿qué es “eso” en realidad? ¿Qué es lo que está ahí? ¿Es algo inteligente o son simples ondas electromagnéticas en sintonía con las ondas de la mente? ¿Qué es lo que necesita de procedimientos y métodos para que te ayude? Si Dios es todopoderoso y omnipotente, ¿por qué hay que meditar en alfa para que te escuche? Quizá porque cuando estás en alfa, estás más centrado en lo que quieres pedir, y envías el mensaje a Dios más claramente, sin que esté condicionado por el ruido externo, por los agentes que tienden a desconcentrar tu pensamiento. Entonces, cuando Dios recibe una petición clara, la juzga y, si es constructiva y no generadora de conflictos, la ejecuta; de lo contrario, la rechaza. Esto demuestra que la entidad superior, Dios, es inteligente.

Pero, ¿por qué Dios y no otra cosa? Para poder creer en Dios, el Chi-Kung y la magia al mismo tiempo, el Método ha buscado una síntesis no excluyente, que no descarte ninguna de las prácticas y englobe a todas las religiones del mundo: Dios no es material, luego no puede tener forma de hombre, incluso no tiene por qué llamarse Dios. La forma de Dios la damos nosotros, y su nombre también. Si el cosmos es energía y el cuerpo del hombre también, cuando morimos, nuestro cuerpo se separa de nuestra alma, de nuestra mente, que se volatiliza, y la energía positiva que nos conforma pasa a mezclarse, a formar parte del universo. El cristiano, en su mente, tendrá a Dios, y cuando muera, verá su Reino, y ante sus ojos se alzará la maravilla en que él creyó, y Dios lo mirará, con compasión, y acogerá su alma en su Paraíso. La persona perversa y malvada, conformada de pensamientos negativos y energía destructiva, no podrá mezclarse con los buenos, y será rechazada, pero si Dios, en su infinita misericordia, la perdona, la mínima energía positiva que tenga su alma nutrirá el resto de ella y será admitida en el Reino de los Cielos. De forma que las religiones son maneras de dar forma a la verdad. ¿Sería Jesucristo un hombre que conocía la verdad, y que empleó una terminología poco adecuada para ser comprendida con facilidad por las gentes? Quizá, pero, al final, todos conoceremos la verdad.

Pero ahora mi interés se ha centrado en las llamadas “experiencias extracorporales” o “viajes astrales”. Desde hace tiempo ha sido un tema que me ha interesado bastante el hecho de poder salir del cuerpo y mirar lo que ocurre a mi alrededor. El otro día fui y saqué algo de información de Internet acerca de la “Astral Projection” y algunas direcciones electrónicas de gente que se dedican a esto. Me bajé también una página en la que se indica una manera para principiantes de abandonar el cuerpo, llamada el “método de la cuerda”. Me descargué otra página que hablaba sobre todas las sensaciones y sentidos que se perciben durante el transcurso de un viaje astral y de la salida del propio cuerpo, así como las pautas de posición y relajación que eran necesarias para realizar el viaje con éxito. Mi amiga decía, además, que era bueno escribir todas las experiencias durante la práctica de viajes, y a ello voy.

Anoche me tumbé y traté de relajarme para iniciar el viaje, pero me relajé demasiado, como ya me había ocurrido más veces. Total, que me dormí. Me desperté a las siete, porque había puesto el despertador. Me dije: «Bueno, ahora estoy muy relajada, pero mi mente está despierta, así que voy a intentar el viaje de nuevo». Me tumbé y ya estaba en condiciones idóneas para empezar. No me hizo falta usar el método de la cuerda. Sabía que no me hacía falta. Entonces... ¡un objetivo! Sí, no había salido aún, pero sentía cosquilleo de energía por todo el cuerpo, tal como describía ese artículo de la página web. Entonces me acordé de que era necesario pensar fuertemente en el objetivo, el sitio adonde se quiere ir o lo que se quiere hacer. Pensé con todas mis fuerzas en el patio de la casa de una amiga a la que ese mismo día había visitado. Empecé a sentir en ese momento como si me elevara y a la vez me moviese hacia atrás. Me desconcentré y volví en mí. Pero entonces pensé que aún no conocía bien ese lugar, quizá por ello no podía ir allí. Quise ir a otro sitio, esta vez a la casa de otro amigo. Pensaba que, una vez allí, podría colarme por la ventana y entrar en su habitación. Volví a sentir que me elevaba, y, nuevamente, caí de repente en mi cuerpo. «Bueno ¾pensé¾; por lo menos, he adelantado algo». Me moví y me dormí.

Me propuse intentarlo en otra ocasión. Esta vez, la experiencia ha sido un poco más completa que la vez anterior, porque he comprendido algunas cosas sobre la realización de viajes astrales. Anoche, después de estar en Internet desde mi móvil, me acosté e intenté entrar en alfa para volverme más abierta. Pero ¡qué va!, no pude, estaba demasiado desconcentrada, así que desistí y me tumbé hacia el lado izquierdo, es mi posición más cómoda para dormir. Por alguna razón, mi cerebro estaba muy activo vislumbrando imágenes de todo tipo: pasaban por mi mente pensamientos acerca de mis estudios, mi familia, mis amigos. Pensaba que no podía dormir. Esperé y me relajé.

Todavía estaba consciente cuando volví a notar esa sensación, y sabía lo que iba a pasar después. Rápidamente, un flujo de vibraciones recorrió mi cuerpo desde los pies a la cabeza, y era consciente de que esto significaba que, acto seguido, saldría de mi cuerpo. Bueno, por supuesto que accedí, lo estaba deseando, y noté que me elevaba de mi cuerpo, dejándolo, pesado e inmóvil, en la cama. Todo fue muy extraño. Al igual que la vez anterior, tampoco fui capaz de ver nada, sólo sentía la sensación de estar moviéndome, dando bandazos sin rumbo de un lado para otro por mi habitación. Sabía que estaba fuera de mi cuerpo, pero no podía ver nada, sólo veía negro, todo era tinieblas. Esto me extrañó. Se suponía que cuando sales del cuerpo, ves lo que hay a tu alrededor, incluso cuando está oscuro. Seguí dando bandazos. Primero bajé ―creo― hasta el suelo, luego subí y me coloqué boca abajo encima de mi cuerpo ―eso creo también, porque, como digo, no veía nada― y sentí algo muy raro: notaba mi cuerpo físico y mi cuerpo astral al mismo tiempo, o algo así, sabía que mi cuerpo estaba tumbado en la cama, inmóvil, y cuando pretendía moverme, mi cuerpo no se movía. Entonces noté como si mi cuerpo se inclinara, empujado por alguna fuerza extraña, en la cama, de manera que, estando tumbada hacia el lado izquierdo, tendía a ponerme boca abajo, y noté la sábana en mi pierna.

  

     
Bueno, por supuesto que accedí, lo estaba deseando, y noté que me elevaba de mi cuerpo, dejándolo, pesado e inmóvil, en la cama.
  

Al percibir esta sensación, creí que había vuelto, pero no, continuaba fuera, y después volví a sentir la fuerza, que, esta vez, me hizo tocar con el brazo derecho la pared, como si fuera mi cuerpo físico el que lo hiciera. Pensé: «No veo, todo está muy oscuro. Quizá por eso, voy a salir por la ventana», y traté de levantar un poco la cabeza para encontrar las rendijas de luz de la persiana, pero no las vi, así que intenté imaginar algún lado adonde ir, pero no, estaba demasiado ocupada sintiendo lo que me pasaba como para pensar.

Creo que lo que pasaba es que, al salir por primera o segunda vez, estaba descontrolada y no sabía moverme. Lo intentaba como si estuviera en mi cuerpo, moviendo los músculos, y no pensé en que, para moverme en el plano ultrasensorial, no podía usar mis brazos y piernas, porque no tenía, sino que tenía que hacerlo con la mente. Pero bueno, soy una novata; además, el hecho de no ver nada me desorienta aún más.

Después de esto, empecé a preocuparme, y quise moverme. Y ahora viene lo más extraño: en esta ocasión, notaba el cuerpo físico, y notaba el cuerpo astral, pero, al querer moverme, no sabía ―literalmente― cómo hacerlo. Era como si tuviera abiertas dos ventanas en Windows, como dos canales, necesitaba saber en qué “canal” estaba mi cuerpo para moverlo, y me preocupé, esto era más extraño de lo que me había imaginado, y pensé, con palabras: «¿Dónde estoy?». Acto seguido se dejó oír un ruido, quizá era mi hermana moviéndose en la habitación de al lado, y ya supe moverme y abrir los ojos. Encendí la luz y miré a mi alrededor y me dije: «¡Qué paranoia!».

Después me acosté y me dormí. Aunque sin resultados significativos, la experiencia había sido interesante, y voy a continuar intentándolo hasta que consiga ver y aprenda a moverme... en esa otra dimensión.

  

  

  

  

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Carolina Osorio Soto (Málaga, 1982) es diplomada en Maestro de Lengua Extranjera (Sección Inglés) por la Universidad de Málaga, en cuya Facultad de Ciencias de la Educación ha cursado los estudios.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 38. Marzo 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Carolina Osorio Soto. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con la autorización expresa del editor o de los autores.

  

  

  

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