N.º 36

ENERO 2006

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El paraíso contado

Enrique Agramonte Robles  

  

E

mpezaré diciendo que hay hombres descubridores de paraísos, de ángeles silvestres y de magias.

He podido observar en diversas cartas de amor, el remo que mueve las olas del corazón inmóvil de una mujer en silencio.

Ahora, libre del más mínimo obstáculo, pasan las nubes sobre mi cabeza, con la vieja fórmula de luces y sombras, en este parque apaciguador de nostalgias en que abro la página de un libro de versos, mientras observo la foto de un infante que me llama con su dedo índice, haciéndome subir por una escalera que se amplía cuando asciendo en este atardecer musical, mitad arte y mitad un inmenso camino.

Nadie puede imaginar la distancia que hay entre su pequeño dedo índice y el escalón amplio de esta escalera por donde transito. Es improbable todo cálculo. No se trata de cualquier niño haciendo señas con un dedo.

Muchas figuras me salen al paso: Un gato azul de barba blanca, una encopetada bailarina española, las elegantes franjas de una cebra, el variado ruido de un público que grita en un partido de fútbol, tres palabras escritas en francés, tu, moi, maison, veinticuatro auroras del Polo Norte y una tasa de té donde está dibujada la rosa de los vientos. La única rosa capaz de salvar a cualquiera de las garras voraces del mar. Digo esto y marco en el mapa de mi memoria el rumbo fijo hacia el niño que fui, hacia el paraíso íntimo y casi olvidado que tuve y que está por suerte vivo.

Regreso al mundo de la infancia. Cavo un hueco y desentierro los juguetes más queridos, los limpio con mis manos, alcanzo a desvestir el lodo que los empaña. Siete son por todos: el avión, la caja de letras, el payaso flaco y  cuatro bolas de colores.

Jugar era mi delirio y lo hacía tirado en la hierba, buscando entre los pequeños arbustos y las raíces secas, un paraíso adecuado a mi edad, en medio de una tarde sin agua cubierta de sol.

Desde ahora seré el hombre que cruzó el tiempo hasta su infancia, prolongando así una época llena de ideas que aún mantengo vivas.

  

Ahora, libre del más mínimo obstáculo, pasan las nubes sobre mi cabeza, con la vieja fórmula de luces y sombras, en este parque apaciguador de nostalgias en que abro la página de un libro de versos.

  

  

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Enrique Agramonte Robles (Camagüey, Cuba) cultiva la literatura, la pintura, el humor y dirige la revista literaria “The Big Times”. Reside en Puerto Rico desde 1983. Tiene asimismo una web personal en esta dirección: http://www.geocities.com/agramonterobles.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 36. Enero 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Enrique Agramonte Robles. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con la autorización expresa del editor o de los autores.

  

  

  

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