N.º 29

ABRIL 2005

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ALFONSO, EL «CIBERPELUQUERO»

Jorge Alberto Baudés* 

  

    

  

Y

a no me mira. Alfonso no es el de antes. Siempre salía a conversar conmigo entre cliente y cliente. Tomaba aire, miraba pasar los transeúntes, suspiraba por alguna jovencita muy agraciada... Pero no, Alfonso ya no es el de antes. Siempre sintió cariño por mí, que, al fin y al cabo, no soy sólo una calle, «soysu calle». La calle que va a lo de Alfonso, el peluquero. Ni hace falta que recuerden mi nombre. Todos saben que encima de mí van y vienen. Que soy fiable, segura y hasta divertida. ¿Recuerdan acaso los corsos del verano? ¿Los niños con sus juegos de pelota? ¿La mancha, la escondida y tantos otros juegos infantiles? Pero ¿qué le habrá pasado hoy a Alfonso? Ya son las ocho de la mañana y aún no abrió su negocio. Tendré que arrugar el cordón de mi vereda, descorrer un poquito las baldosas y asomarme por el rabillo de la cerradura para ver si no se quedó ayer dentro y no me di cuenta en un descuido. ¡Puf! Ya son las nueve, y nada. Varios clientes golpearon la puerta, pero no han podido entrar. ¿Será día de fiesta? ¡No creo! La gente estaría caminando más tranquila, y con ropa más liviana. En cambio, todos tienen el vértigo de la mañana que se les escapa entre sus azarosas vidas. ¡Uy! Escucho ruidos dentro del comercio. Veré qué pasa. Son las once y esto ya me preocupa. Psss, psss... ¿Alfonso? ¡No te escondas detrás de esa caja, que ya te vi! ¿Es que hoy no pensás trabajar? ¿Te volviste loco? ¿A estas horas, y ya mirando televisión? ¿Que no es un televisor me dices? ¿Que es la Internet? ¡Me parece que vos lees mucha ciencia ficción y eso te calienta la cabeza! ¿Y qué es esa famosa Internés... A ver... ¿Acaso te da de comer? ¿En una de esas trabaja por ti? ¿Qué me dices? ¿Que te sientes acompañado? ¿Que conoces a mucha gente? ¿Que te llaman y mandan mensajes? Mirá, Alfonso, creo que te estás poniendo viejo y te buscaste una dama de compañía, pero eléctrica, bueno, electrónica... para el caso es casi lo mismo, ¿cuál es la diferencia, eh? ¿Qué dices? ¿Que estoy celosa? Mirá, Alfonso; para que sepas: ella no nació hace tiempo como yo. La gente que me conoce ha sentido la calidez de mi mirada, el misterio de mis esquinas, que nunca te anticipan que te deparan, el perfume de las flores que habitan en los jardines, la fluidez de una vida que transcurre superponiendo generaciones y anécdotas... y, en cambio, ella ¿qué? ¿Que no puedo contarles a los demás lo que pasa en el mundo? ¿Para qué? Si es el mundo el que pasa por mí y yo soy casi un archivo sin medidas. No como ella, que, en poco tiempo, ya será vieja y arrugada como si fuera la letra de un tango... Mirá, Alfonso, haz lo que quieras, pero ya son las doce del mediodía y no cambio un mensaje de eso que llamas i-meils por el olorcito a emparedado que viene del puesto ambulante. ¿No me quieres acompañar? Ya sé, estáis conectado a la Internés... bueno, sí, a la Internet, ya te escuché. Internet, suena más elegante, como si tuvieras el dedo meñique levantado al igual que aquellos que lo hacen cuando toman un vino para hacer creer que son más finos... ¡ellos!, no los vinos, por supuesto. ¿También te vas a perder la siesta de la tarde? Mira que ya son las tres, y luego ya no es lo mismo... No sabes lo fresquita que me pongo después de que se esconde el sol. Las chicas más jóvenes sacan a relucir sus mejores vestidos de disimulada conquista. A mí me gusta verlas. Antes, Alfonso, vos te quedabas conmigo y hasta les decías algún verso, esos poemas que improvisas tan bien y sin tantas teclas como ahora, que pareces un astronauta. ¿No te cansa tanto Internet o es que acaso le ofrecerás que sea tu novia? ¿Que qué...? ¿Que ya tienes una cibernovia en Francia? ¿Y le dais besitos a la pantalla, acaso? ¡Vamos...! Yo me quedo con mi historia y tú métete con el futuro, que vaya a saber qué otras cosas te trae escondidas... ¡Anda, Alfonso, que ya es casi de noche! Afloja un poco a la maquinita y ven conmigo. Vamos a soñar juntos que, por suerte, soñar... aún es tiempo completo, o, como decís tú, tarifa plana, pero por ella... ¡aún no te cobran nada!

  

  

  

  

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*Jorge Alberto Baudés ( Buenos Aires, Argentina, 1948) es poeta y narrador de cuentos, fábulas y leyendas. En los niños ha encontrado los destinatarios de sus mensajes literarios. La mayor parte de sus cuentos han sido traducidos y aplicados en centros escolares de nivel inicial, medio y universitario, tanto para su goce como para su análisis.

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 29. Abril 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Jorge Alberto Baudés. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España).

  

  

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