N.º 28

MARZO 2005

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UNA MAÑANITA

Begoña Rueda Colmenero* 

  

¡L

 as doce y media del mediodía...! ¡Que tardísimo se me ha hecho; por Dios, cómo pasa el tiempo!

Es que en cuanto llego de dejar a los niños en el colegio, me engancho al puñetero televisor y se me pasa la mañana sin darme cuenta,  vamos, que  pierdo la noción del tiempo. Pero es que se está tan a gusto aquí solita, con  toda la casa para mí, acostadita en el sofá, con la mantita cubriéndome toda, muy calentita, sin que  me pidan  nada ni que nadie me eche la pierna encima. Es que no encuentro la forma  de despegarme de este maravilloso diván. Si me viera mi Manolo, es que le daba algo... Todo por medio, no tengo recogido todavía ni los platos del desayuno, y los cacharros de la cena están aún por lavar, las camas sin hacer y  no sé ni lo que voy a poner de comer.

Tengo que dejar de ver la telenovela esta que me tiene absorbida; cada vez termina más tarde y cuantos mas capítulos van, más liada va la cosa.

Hay que ver la pobre María lo que sufre con el puñetero marido que le ha tocado en gracia:  es un vividor; y la muy atontada, nada, ahí sigue enamoradísima de él como si de una colegiala se tratara, y mira que el muy ladino no para de ponerle los cuernos con toda la que se le acerca, y ella no se da cuanta de nada. ¡Qué tontísima es la pobrecilla...! Y para una vez que le sale a esta inocentona una aventurilla como Dios manda, el amante que se ha buscado resulta que ahora el muchacho, a estas alturas de la película, se da cuenta de que es maricón, y dice que se ha enamorado perdidamente del marido de María. ¡Pobre María!  Como siga así, va ha tener que terminar enrollándose con el cartero, o con el del Butano.  Yo no me lo pierdo.

Tengo que hacer la comida, que dentro de un ratillo viene mi Manolo con las bullas, y tengo que ir a recoger a los niños al colegio. Menos mal que el centro escolar está cerquita.

Venga, me voy a  levantar ya y me voy a vestir, que no puedo ir con estas pintas a recoger a mi Tamara y a mi Juan, aunque yo, de buenas ganas, iría así, pero con la banda de cotorras que se juntan a la puerta del colegio, cualquiera no se arregla un poquito. Vamos, que parece que, para lo único que han tenido niños estas zorronas, es para tener una excusa y poder ponerse en la puerta del colegio, una hora antes de que salgan los niños, a chismorrear de todo lo que pasa en el pueblo. Me tengo que cambiar y ponerme algo que no hallan visto mucho, porque si no, cualquiera sabe lo que dirán de mí estas harpías.

¡Ring,  ring, ring...!

¡Vaya por Dios!, y ahora suena el telefonito. ¿Quién será? Con la prisa que tengo... Dígame...

buenos días. Es usted la señora de la casa.

Sí, dígame.

Enhorabuena; ha sido usted seleccionada entre diez mil personas de sus mismas características, por la prestigiosa empresa “Halagador,  Sí Señor”...

Oiga, oiga...

Sí, dígame señora.

Es que, mire usted, es ya cerca de la una del mediodía y tengo que ir a recoger a los niños y no tengo nada hecho todavía. Además, éstas no son horas de llamar a la casa de una mujer trabajadora, que, a estas horas, es cuando más lío tenemos...

No se preocupe usted, señora; es sólo un momentito. Usted se alegrará de haberme atendido...

Sí, pero le recuerdo que tengo muchísima prisa...

Paso a explicarle lo más rápidamente en qué consiste su premio. No se preocupe que enseguida terminamos...

Bueno, venga, pero rápido, por favor.

¿Cómo se llama usted, Señora?

Yo, Virtudes. Pero si usted no sabe ni mi nombre, ¿cómo es que me ha tocado un premio...?

Por su número de teléfono, ha sido usted seleccionada, señora Virtudes.

Pero ¿cómo es que solamente por el numero de teléfono pueden ustedes saber las características de la persona? ¿No me ha dicho usted antes que he sido seleccionadas entre diez mil personas de mis mismas características...?

No se puede hacer usted una idea de los adelantos que hay hoy en día. Solamente con el número que se asignó en su día por la compañía telefónica, podemos saber todos los datos que necesitamos para seleccionarla. Pero ése no es el caso que ahora nos lleva. No se preocupe usted por esas pamplinas y déjeme que le explique en qué consiste su premio.

Me deja usted perpleja.

No se preocupe, Virtudes, y confíe siempre en su empresa amiga, la empresa que hará que cambie su vida, la empresa del futuro. Somos “Halagador, Sí Señor”. Ha sido usted seleccionada para recibir en su casa, sin ningún gasto por su parte, un halagador personal...

¿Y qué es eso...?

Paso a explicárselo. Un halagador personal es una persona que vivirá en su casa, y su única función será estar siempre a su lado. Que la comida no le sale demasiado bien: no se preocupe más por esa tontería; su halagador personal le dirá lo rica que está y la suerte que tiene su familia de contar con tan estupenda cocinera. Que su marido llega tarde: ya no tendrá que enfadarse más con él; su halagador personal se enfadará por usted...

Perdone,  perdone, ¿y tiene que vivir siempre con nosotros?

Sí, Señora. Podrá contar con su presencia las veinticuatro horas del día. ¿No le  parece estupendo? Usted sólo tendrá que darle de comer, procurarle un lugar decente donde  dormir y darle algún dinerillo para sus gastos...

Pero mi casa es muy chica y yo no tengo sitio para ningún invitado. Además, qué es eso de sus gastillos? ¿Me dice usted que yo le tengo que pagar a ese señor...?

¿Está usted insinuando que no quiere que le enviemos su premio...?

No, no es eso; si el premio me parece que es muy bueno, pero yo tendré que consultarlo con mi marido, y habrá que preparar la casa para que viva el señor este halagador que usted me ofrece...

Si no está usted interesada, señora Virtudes...

¿Cómo no voy a estar interesada en que me halaguen y me den siempre la razón? Pues claro que está interesada una en que se pongan del lado de una... ¡por Dios! Pero yo no puedo...

Muy bien, señora Virtudes, no se arrepentirá de su decisión. Dentro de unos días, tendrá su halagador en casa.

No, espere... ¡Oiga, oiga, oiga...! ¡Cojines, pues no me ha cortado el tío...! ¿Y ahora qué hago yo?

  

  

  

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* Begoña Rueda Colmenero (Durango, Vizcaya, 1965) es antes que nada docente vocacional, aunque en los pocos ratos que su quehacer diario se lo permite, deja que cabalgue su pluma sobre la albura del papel. Con 23 años, se traslada a Málaga y ha sido alumna de la Universidad de su ciudad adoptiva, en cuya Facultad de Ciencias de la Educación ha cursado los estudios de las diplomaturas de Maestro en Educación Infantil y Maestro en Educación Primaria, especialidad esta en la que actualmente desarrolla su labor educativa.

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 28. Marzo 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Begoña Rueda Colmenero. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa.

  

  

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