FEBRERO 2005

2 / N.º 27

   

EL GRAN DEVORADOR

Adriana Serlik*

          

 

  

T

odo comenzó cuando a tía Garcilasa se le ocurrió mencionar a Nemesio que debía adelgazar...

Aquella noche leyó hasta muy tarde. Su lámpara, que semejaba una enorme mariposa, se apagó sobre las dos de la madrugada. Después, en la mañana, la luz que entraba por la ingente ventana de su cuarto le despertó sin darle opción a seguir durmiendo. Adormilado, miró su pijama de ositos morados y verdes frunciendo el ceño al ver que estaba algo arrugado. Estiró los dedos de los pies y buscó las zapatillas, depositadas en lo más oculto, debajo de la cama. Con un pie, rastreando el suelo con su dedo gordo, descubrió la oreja de uno de los conejitos de felpa. Con cierta dificultad, se agachó y los acercó colocándoselos sonriente. 

La lectura de la noche anterior, el libro de Alejandro Jodorowsky con sus narraciones  “El dedo y la luna”, le había conmovido tanto que su cabeza no paraba de pensar en los cuentos. Absorto, entró en el baño, cogió su esponja en forma de estrella de mar y se metió rápidamente bajo el agua tibia de la ducha canturreando el texto de uno de los cuentos leídos.

La tía esperaba sentada, con el desayuno de siempre: palomitas de maíz crujientes y algo saladas, magdalenas, que, según decía, tomaba en homenaje a Proust, dos o tres tazones de leche con café, cuatro tostadas y tres vasos de zumo de piña.

Fue en ese mal momento, durante la ingesta del desayuno, cuando la tía se decidió por  explicarle que su imagen resultaba grotesca y estaba obligado a comenzar un régimen.

Cuando la tía salió, Nemesio metió sus delicadas y regordetas manos en la nevera devorando sin mesura todo lo que encontró. Pero Nemesio no calculó su vuelta ni que la tía había cerrado la puerta, cosa que nunca solía hacer; la puerta permanecía siempre abierta, excepto aquella mañana.

Garcilasa gritó con desesperación al verle. Nemesio, el gran devorador, cogió su amada arpa con gran amor y, echando a correr, atravesó la puerta con sus ciento cuarenta kilos.

  

  

  

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* Adriana Serlik (Avellaneda, Argentina, 1945) ha estudiado música y magisterio, especializándome en la enseñanza artística y bibliotecología en  la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Su carrera poética comienza en 1968, con la publicación del libro Improntus 6, al que seguirán Los espejos (1972), Desde nosotros, los niños (1978), La Silla de paja (1984) y Poemas del amor y la soledad (1996). En 1968 organiza la Biblioteca del Hospital Municipal “Cosme Argerich” de Buenos Aires, con ciclos semanales de cine y audiovisuales para médicos y pacientes. En 1970, organiza la colección de libros y manuscritos de la Fundación “F.V.”, tarea que desempeña hasta 1972. Ha escrito artículos para diversos medios de Buenos Aires, Asunción y Madrid, y trabajado como correctora y traductora para diversas editoriales españolas. En 2001 crea la web “La lectora impaciente” (www.lalectoraimpaciente.com), de literatura y arte, organizando Certámenes Internacionales de Poesía y Relato Breve, cuyos trabajos premiados publica en libros con formato electrónico. Nacionalizada española en 1975, actualmente reside en Simat de la Valldigna (Valencia).

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 27. Febrero 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Adiana Serlik. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa.

  

  

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