LOS MARTES A LAS CUATRO

Francisco de Sales Sánchez

 

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E

l rito es implacable: cada martes, sea trece o festivo, se reúne con sus amigas a coquetear con el azar de las cartas.

Ella, Luisa, hace tiempo que se dejó vencer por lo cotidiano y se dejó arrebatar las ilusiones que antes rozaba con la mano. Se rindió demasiado pronto. Su matrimonio fue una rendición barata al destino.

Almudena comparte la misma desazón diaria y las mismas mínimas alegrías que le vienen de otra tarta de queso que quedó bien o de saber que el fin de semana no lloverá.

Concepción, para más redundancia, es lo mismo pero con otras palabras.

Mar, es tan breve como su nombre.

Para este coro de amigas desencantadas, la única nota festiva ocurre cada martes a las cuatro en casa de Luisa, cuando reúnen sus soledades en un fondo común insondable, los vacíos enmascarados, los fríos recalentados, y se ríen a plena desgana.

Si algún día, muy distinto de los demás, en una confidencia que siempre será insólita, alguna de ellas contara algo de lo que realmente siente, y cualquiera de ellas podría firmarla y afirmarla, sería que está muy lejos el día que les emigraron las mariposas del estómago, que hace mucho tiempo desde que las rodillas temblequearon emocionadas por última vez o que está muy distante el día aciago que la nada matrimonió con cualquiera de ellas.

Las conversaciones de esas tardes de martes, fuera del ámbito de Baraja mejor las cartas, ¿Es que acaso ha repartido la mano de un cerdo?, ¿No eres capaz de darme un as de oros, aunque sea por una sola vez?, son diálogos que se mueren de aburrimiento; si no son de ofertas de supermercado, se refieren al descaro de alguna conocida o desconocida y de sus líos de pantalones.

A lo más que llegan, con esfuerzo cretino, es a morirse de envidia por esa que rompe lo cotidiano en los brazos de un amante. Su moral cristiana se consuela con el milagro forzoso de no ser unas pecadoras como ella.

A eso de las ocho, la prisa penetra a un tiempo en las amigas y tienen que salir corriendo, Dios mío qué tarde es; tengo todo por hacer y dentro de nada llegará ese idiota.

Le llenan el aire de las mejillas de besos desganados, y poco después barre las risas falsas que yacen muertas en el suelo, pulveriza el spray de matar vacíos, con aroma a vida, como prometen en el anuncio, y conecta la televisión para suicidarse poco a poco.

 

FIN

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año III. Número 20. Mayo 2004. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2004 Francisco de Sales Sánchez Corrales. © 2004 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga.