N.?51

SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2007

11

 

  

 

EL CISMA DE ORIENTE Y OCCIDENTE.

Una introducci髇

Jos?Antonio Molero

  

  

L

a palabra ‘cisma’ significa ‘separaci髇’. El Cisma de Oriente y Occidente, tambi閚 conocido como el Gran Cisma, es, pues, la separaci髇 del papa y la cristiandad de Occidente, de la cristiandad de Oriente y sus patriarcas, en especial, del Patriarca Ecum閚ico de Constantinopla. El distanciamiento entre ambas Iglesias comienza a gestarse desde el momento mismo en que el emperador Constantino el Grande decide trasladar, en el 313 d.C., la capital del Imperio romano de Roma a Constantinopla; se inicia, pr醕ticamente, cuando Teodosio el Grande divide a su muerte (395) el Imperio en dos partes entre sus hijos: Honorio, que es reconocido emperador de Occidente, y Arcadio, de Oriente; deja notarse a partir de la ca韉a del Imperio occidental ante los pueblos b醨baros del Norte en el 476; se agudiza en el siglo IX por Focio, patriarca de Constantinopla, y se consuma definitivamente en el siglo XI con Miguel I Cerulario, tambi閚 patriarca de Constantinopla.

 

   
    

 

Focio (820-897),

secretario de la Canciller韆 del Imperio Oriente y, luego, patriarca de Constantinopla.

   

Causas del Cisma

En tres grupos pueden clasificarse las principales causas que motivaron el Cisma:

1. De tipo 閠nico: La natural antipat韆 y aversi髇 entre asi醫icos y europeos, unidas al desprecio que en esta 閜oca sintieron los cristianos orientales hacia los latinos, a quienes consideraban contagiados de barbarie a causa de las invasiones germ醤icas.          

2. De tipo religioso: Las variaciones que, con el paso del tiempo, fueron imponi閚dose en las pr醕ticas lit鷕gicas, dando lugar al uso de calendarios y santorales distintos; las continuas disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales que se originaron a partir de dividirse en dos el Imperio; la opini髇 extendida por todo el Oriente de que, al ser trasladada la capital del Imperio de Roma a Constantinopla, se hab韆 trasladado igualmente la Sede del Primado de la Iglesia universal; las pretensiones de autoridad por parte de los patriarcas de Constantinopla, que utilizaron el t韙ulo de ‘Ecum閚icos’ a pesar de la oposici髇 de los papas, que reclamaban para s? como obispos de Roma, la suprema autoridad sobre toda la cristiandad; la negativa de los patriarcas de Oriente a reconocer esa autoridad sobre la base de la Sagrada Tradici髇 Apost髄ica y las Sagradas Escrituras, alegando que el obispo de Roma s髄o pod韆 pretender ser “primus inter pares” (un primero entre sus iguales); y la intromisi髇 de los emperadores en asuntos eclesi醩ticos, crey閚dose pont韋ices y reyes, y pretendiendo decidir ellos solos los graves problemas de la Iglesia.

3. De tipo pol韙ico: El apoyo que buscaron los papas en los reyes francos y la restauraci髇 en Carlomagno del Imperio de Occidente (s. IX) mermaron prestigio a los emperadores de Oriente, que ten韆n pretensiones a la reunificaci髇 del antiguo Imperio romano.

A estas causas de car醕ter general pueden a馻dirse los cargos —en realidad, pretextos— que los patriarcas Focio y Cerulario imputaron a la Iglesia de Roma, y que pueden resumirse en los cuatro siguientes: Que los papas no consideraban v醠ido el sacramento de la confirmaci髇 administrado por un sacerdote; que los cl閞igos latinos se rapaban la barba y practicaban el celibato obligatorio; que los sacerdotes de la Iglesia Romana usaban pan 醕imo en la Santa Misa, pr醕tica considerada en Oriente una herej韆 de influencia judaica; y, en fin, que los papas hab韆n introducido en el credo la afirmaci髇 de que el Esp韗itu Santo procede del Padre y del Hijo (“Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre Filioque procedit”), en contra de lo que sosten韆n los patriarcas orientales, que no reconoc韆n esta 鷏tima procedencia.

Estos cargos, que hubiesen podido solucionarse con la convocatoria de un concilio, produjeron la separaci髇 definitiva, si no hubiesen prevalecido razones espurias a la esencia misma de la religi髇.

  

Sus autores

Para proceder con claridad, estudiaremos todos los personajes que intervienen en este asunto, unos como autores del Cisma y otros como defensores de la unidad de la Iglesia y la primac韆 de Roma.

En la autor韆 del Cisma se ven implicados Miguel III el Beodo (838-867), emperador de Oriente (鷏timo de la dinast韆 de los Isauros); C閟ar Bardas, t韔 del emperador y regente del Imperio durante su minor韆 de edad; Gregorio Asbesta, metropolitano de Siracusa; Focio, secretario de la Canciller韆 imperial, y Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla.

Como defensores de la unidad de la Iglesia merecen citarse los papas Nicol醩 I, Adriano II, Juan VIII y Le髇 IX; Ignacio, patriarca de Constantinopla, y la emperatriz Teodora, madre del emperador Miguel III y hermana de Bardas.

  

La mentira de la conspiraci髇

Ignacio, patriarca de Constantinopla (799-878), era un hombre de exquisita piedad, pero excesivamente austero y de una rigidez que rayaba en la intransigencia. Bajo la protecci髇 de la emperatriz Teodora, se preocup?de velar con celo extraordinario por la pureza de la fe y la pr醕tica de las buenas costumbres.

El d韆 de la Epifan韆 del a駉 857, Ignacio neg?la sagrada comuni髇 a C閟ar Bardas a causa de la conducta inmoral y escandalosa de que hac韆 alardes. Bardas jur?vengarse de esta humillaci髇 y busca la alianza de Gregorio Asbesta, encarnizado enemigo de Ignacio, quien, junto con el papa Benedicto III, lo hab韆 suspendido en sus funciones de metropolitano de Siracusa.

Puestos de acuerdo, acusaron falsamente a Ignacio de conspirar contra el Estado ante Miguel III, que ya hab韆 llegado a su mayor韆 de edad y ejerc韆 personalmente el gobierno del Imperio, pero que estaba fuertemente influido por su t韔.

La emperatriz Teodora se declar? defensora de Ignacio, pero Bardas la acusa de complicidad, y, tras ordenar que le fuese cortado el cabello como castigo, la encerr? violentamente en un convento, mientras Ignacio era desterrado a la isla de Terebinto.

  

Focio y el Cisma

Era preciso sustituir inmediatamente a Ignacio en la Sede del Patriarcazgo bizantino, y nadie m醩 a prop髎ito que Focio (820-897), secretario de la Canciller韆 imperial y perteneciente a una familia noble, emparentada con Bardas.

Focio era hombre erudito, tanto en ciencias profanas como sagradas, h醔il pol韙ico, pero soberbio y ambicioso. Su elecci髇 parec韆 acertada. Exist韆, sin embargo, una grave dificultad: Focio era seglar y los Sagrados C醤ones prohib韆n su ascenso directo al episcopado. Gregorio Asbesta, no obstante su excomuni髇 y suspensi髇, se encarg? en connivencia con el emperador, de solventar esta contrariedad. En pocos d韆s, del 22 al 25 de diciembre del 858, confiri?a Focio las 髍denes sagradas, incluso el episcopado, lo que permiti?que el emperador le otorgase la dignidad de Patriarca de Constantinopla.

   

    

Miguel I Cerulario (ha. 1000 - 1059), patriarca de Constantinopla.

 
   

Con el fin de legitimar su actuaci髇, Focio escribe una carta al papa Nicol醩 I, sucesor de Benedicto III, en la que le comunica su exaltaci髇 al Patriarcado, cosa que hab韆 aceptado —explicaba tan c韓ica como hip骳ritamente— en contra de su voluntad y a pesar de no creerse digno de tan alto cargo. En esa misma carta hac韆 una profesi髇 fingida de fe cristiana de acuerdo con el Credo de Roma y sumisi髇 total al Pont韋ice. Al propio tiempo, el emperador envi?otra carta dando cuenta al Papa de la renuncia voluntaria de Ignacio, retirado a un monasterio, y confirmando las noticias de Focio.

No convencido de los argumentos que conten韆n ambos escritos, Nicol醩 I envi?dos legados a Constantinopla para que le informaran de lo ocurrido, pero, sobornados por Focio y Bardas, informan al Papa falsamente de acuerdo con las anteriores cartas. A鷑 m醩, sin autorizaci髇 del Pont韋ice, se constituyen en Jueces y convocan un S韓odo cuyas conclusiones deponen a Ignacio y proclaman a Focio leg韙imo Patriarca. Esta rivalidad entre Ignacio y Focio fue la causa inmediata al Cisma.

  

Resplandece la verdad

Pero no tardaron en llegar a Roma los informes del propio Ignacio y de otros obispos adictos a la Santa Sede, dando cuenta al Pont韋ice de la realidad de los hechos. Disconforme con los hechos, Nicol醩 I protest?por la actitud del emperador bizantino, se neg?a reconocer patriarca a Focio y reuni? en Letr醤 un s韓odo (863), en el que se excomulga a Focio, se le desposee de todas sus dignidades y se restituyen a Ignacio todos sus derechos. Como era de esperar, ni Focio ni el emperador aceptaron la decisi髇 del Pont韋ice.

Sin embargo, y cuando m醩 esperanzas abrigaban de triunfo, Bardas cae asesinado (866), y, al a駉 siguiente, el emperador Miguel III corr韆 la misma suerte a manos de Basilio, nacido en Macedonia e hijo de padres armenios, que usurpa el trono del Imperio.

  

Destierro de Focio

El emperador Basilio I el Macedonio (810-886), enemigo personal de Focio, encierra a 閟te en un monasterio (867) y repone a Ignacio en la Sede Patriarcal con todos los honores. A fin de dar legitimidad a las decisiones del nuevo emperador, el papa Adriano II, sucesor de Nicol醩 I, reuni?en Constantinopla el VIII Concilio Ecum閚ico (869-870), en cuya sesi髇 octava se acuerda anatematizar a Focio y condenar sus libros a la hoguera.

A la muerte del patriarca Ignacio en el 878, el papa Juan VIII, que hab韆 sucedido a Adriano II y cuyo desacuerdo con su predecesor era evidente, levant?las penas que pesaban sobre Focio y lo admiti?por segunda vez al Patriarcado de Constantinopla, pero cuando el emperador Le髇 VI ocupa el trono a la muerte de Basilio I (886), lo recluy?de nuevo en un monasterio, donde permanecer韆 hasta su muerte en el 897.

Durante todo el siglo X, el nombre de Focio cay?en un olvido absoluto. Sin embargo, aunque sus sucesores no rompieron sus relaciones con el Papado, fueron preparando el ambiente contra Roma. La separaci髇 espiritual de ambas Iglesias hab韆 llegado a tal extremo que, al comenzar el siglo XI, se ve韆 claro que la separaci髇 era inevitable. En efecto, ya en el siglo XI, Miguel Cerulario volv韆 a exaltar la memoria de Focio y a defender sus escritos.

  

Miguel I Cerulario y la separaci髇 definitiva

Miguel I Cerulario (ha. 1000 - 1059) fue hombre altivo, prepotente y ambicioso, de poca formaci髇 intelectual, pero lleno de odio contra la Iglesia romana. Elevado a la Sede Patriarcal de Constantinopla en 1943, su ministerio coincidir韆 con el del papa Le髇 IX, y ambos consumar韆n el cisma que se ven韆 gestando entre ambas Iglesias.

Su enfrentamiento con Roma se inicia en 1051, cuando, tras acusar de herej韆 judaica a la Iglesia romana por utilizar pan 醕imo en la Eucarist韆, ordena que se cerrasen todas las iglesias de rito latino en Constantinopla que no adoptaran el rito griego, se apodera de todos los monasterios dependientes de Roma y arroja de ellos a todos los monjes que obedec韆n al Papa, y dirige una carta al clero en la que renovaba todas las antiguas acusaciones contra las dignidades eclesi醩ticas occidentales.

En el a駉 1054, el papa Le髇 IX envi?a Constantinopla una legaci髇 encabezada por el cardenal Humberto de Silva y los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi, portando un escrito en el que se conminaba a Cerulario a la retractaci髇 de algunos aspectos en conflicto y un decreto de excomuni髇 en caso de que 閟te se negase a ello, pero el patriarca se neg?a recibirlos y tratar con ellos. Ante esta actitud, los legados papales publicaron su “Di醠ogo entre un romano y un constantinopolitano”, plagado de burlas contra las costumbres griegas, y, el 16 de julio de 1054, depositaron la bula de excomuni髇 en el altar mayor de la iglesia de Santa Sof韆, en Bizancio (antes Constantinopla), y abandonaron la ciudad de inmediato.

Unos d韆s despu閟, el 24 de julio, el patriarca Miguel I Cerulario quemaba p鷅licamente la bula papal y excomulgaba al cardenal Humberto y a su s閝uito. El cisma entre ambas Iglesias, que a鷑 se perpet鷄, se hab韆 consumado.

Con todo, aunque el inicio del Gran Cisma queda fecha en la Historia a partir del papado de Le髇 IX, no son pocos los investigadores que cuestionan la trascendencia de estos hechos en la efectiva separaci髇 de ambas Iglesias, pues, por una parte, cuando la excomuni髇 rec韕roca tuvo lugar, Le髇 IX ya hab韆 muerto, lo que implica que cualquier actuaci髇 llevada a cabo por el cardenal Humberto carec韆 ya de validez como legado papal, y, por otra, las excomuniones afectaban a individuos, no a Iglesias.

 

El Gran Cisma, hoy

Desde aquel instante hasta la actualidad, ambas se denominan a s? mismas Iglesia Cat髄ica Romana e Iglesia Cat髄ica Ortodoxa y reivindican tambi閚 la exclusividad de la f髍mula “Una, Santa, Cat髄ica y Apost髄ica”, al tiempo que cada una se considera como la 鷑ica heredera leg韙ima de la Iglesia primitiva fundada por Cristo y atribuye a la otra el “haber abandonado a la Iglesia verdadera”.

Sea como fuere, la Historia nos deja constancia de una suerte de intenci髇 latente de acercamiento entre ambas Iglesias. As? en 1274 tuvo lugar una primera voluntad de aproximaci髇 con motivo del II Concilio de Lyon y, en 1439, volvieron a reunirse en el Concilio de Basilea, pero las dos ocasiones se vieron avocadas al fracaso por la rec韕roca intransigencia en algunos aspectos doctrinales y disciplinarios.

M醩 recientemente, algunas Iglesias orientales decidieron aceptar la primac韆 absoluta del papa y ahora se denomina Iglesias Orientales Cat髄icas. Y, a ra韟 del Concilio Vaticano II, convocado en 1962 por el papa Juan XXIII y clausurado en 1965 por Pablo VI, la Iglesia Cat髄ica Romana emprendi?una serie de iniciativas que han contribuido al acercamiento entre ambas Iglesias, entre las que puede contarse la declaraci髇 conjunta de 7 de diciembre de 1965, en la que el papa Pablo VI y el patriarca Ecum閚ico Aten醙oras I decid韆n “cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomuni髇 que hab韆 sido pronunciada”.

  

  

PARA SABER M罶:

CABRERA, Emilio (1998): Historia de Bizancio. Ed. Ariel, Barcelona, 1998.

DUCELLIER, Alain (1992): Bizancio y el mundo ortodoxo. Mondadori, Madrid.

GARC虯 DE CORT罿AR, J. A. y J. VALDE覰 BARUQUE (1987): Gran Historia Universal. (V) Principios de la Edad Media. Eds. N醞era, Madrid.

MIRCEA, Eliade (1983): Historia de la creencias y las ideas religiosas. Trad. esp. de Jes鷖 Valiente Malla, RBA Eds., Barcelona, 2005; tomo III.

PONTIFICIA ADMINISTRACI覰 DE LA PATRIARCAL BAS蚅ICA DE S. PABLO (2002): Los Papas. Veinte siglos de historia. Trad. esp. de Mons. Alfredo Pros Jord? Libreria Editrice Vaticana, Roma.

WIKIPEDIA: Gran Cisma de Oriente y Occidente. [En l韓ea]: Wikipedia. <http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Cisma_de_Oriente_y_Occidente>. [Consulta: 25 de agosto de 2007].

  

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Jos?Antonio Molero Benavides (Cuevas de San Marcos, M醠aga) ha cursado los estudios de Magisterio y Filolog韆 Rom醤ica en la Universidad de M醠aga, en donde ejerce en la actualidad como profesor de Lengua, Literatura y sus Did醕ticas. Desde que apareci?su primer n鷐ero, est? al frente de la direcci髇 de GIBRALFARO, revista digital de publicaci髇 bimestral patrocinada por el Departamento de Did醕tica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de M醠aga.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creaci髇 Literaria y Humanidades. A駉 VI. N鷐ero 51. Septiembre- Octunbre 2007. ISSN 1696-9294. Director: Jos?Antonio Molero Benavides.  Copyright ?2007 Jos?Antonio Molero Benavides. ? 2002-2007 EdiJambia & Departamento de Did醕tica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educaci髇. Universidad de M醠aga.

  

  

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