N.? 47

ENERO-FEBRERO 2006

10

 

  

 

Cervantes y la medicina del Quijote

Javier Puerto

  

  

D

esde hace casi dos siglos, los an醠isis que desde la Medicina se ha hecho de la obra en castellano m醩 universal han girado fundamentalmente en torno al tipo de locura que padec韆 su protagonista. Por su parte, analizando la biograf韆 y vivencias del autor del Quijote, podemos encontrar, a trav閟 de las p醙inas de la novela, la visi髇 humanista que Cervantes ten韆 de la profesi髇 m閐ica. En efecto; el autor cita mucho a los m閐icos a lo largo de la obra, y, al contrario que sus contempor醤eos, los trata con inusitado respeto, tal vez por sus ascendientes familiares. Pese a ello, no deja sin s醫ira las extravagantes dietas de la 閜oca ni se corta en burlas contra los ‘curanderos’ por sus falsos remedios.

 

El Quijote, el libro m醩 le韉o y la primera novela moderna

El Quijote es el libro m醩 le韉o y aceptado por los hispano hablantes. En su origen, Cervantes lo concibi? como un texto de entretenimiento. Pasa de la iron韆 al sarcasmo y de ah?a la burla descarnada: fue, y sigue siendo, un libro eminentemente divertido. Sin embargo, los a駉s depositados sobre sus p醙inas han hecho oscuras algunas de sus bromas y secretas intenciones.

    
    

    

Se considera la primera novela moderna en castellano. Todos los literatos, durante el Renacimiento y el Barroco, se interesaban por la ciencia; no hab韆 la r韌ida divisi髇 actual entre estos conocimientos y los human韘ticos. La totalidad de los intelectuales empleaban un mismo lenguaje. La quiebra se produjo durante la llamada “Revoluci髇 cient韋ica” que, si se suele situar en el Barroco, comenz?durante el Renacimiento con la obra de Vesalio, Cop閞nico y Servet; continu?durante el siglo XVII con la de Galileo, Newton, Harvey y la aparici髇 de instituciones cient韋icas; se perfeccion?en la Ilustraci髇 con Linneo o Lavoisier, y finaliz? durante el siglo XIX con la tarea, entre otros, de Koch, Pasteur o Claude Bernard. Una revoluci髇 que tard?cuatro siglos en concluirse.

Cervantes escribi?su Quijote a principios del Barroco. Espa馻 comenzaba una decadencia, todav韆 leve, pero fuertemente sentida por los coet醤eos. Tanto 閘 como su protagonista, Don Quijote, hab韆n vivido el sue駉 imperial del reinado de Felipe II. En esa 閜oca, Espa馻 se convirti?en el para韘o de tecn髄ogos y cient韋icos, como no pod韆 ser de otra manera.

Cervantes, luego de decirnos que el suyo es s髄o un libro para acabar con los de caballer韆s, cuando define al caballero andante, lo hace experto en Teolog韆, Jurisprudencia, Medicina y hierbas medicinales, adem醩 de matem醫ico y astr髄ogo.

Si el resto de los autores, m醩 o menos contempor醤eos suyos, como Fernando de Rojas, Quevedo, Antonio Torquemada y, en cierta manera, Lope de Vega, emplean los conocimientos cient韋icos con toda probidad acad閙ica, Cervantes no lo hace as? Es bien conocida la ausencia de estudios reglados en su curr韈ulo y su voracidad lectora. Desde esa condici髇, su postura ante el hecho m閐ico y cient韋ico es muy moderna. No le interesa la obra de los eruditos, pero tiene una gran informaci髇 sobre sus ideas.

 

Astrolog韆 y alquimia

Cervantes, como la mayor韆 de los escritores antisupersticiosos de su 閜oca, principalmente Pedro Ciruelo, distingue bien entre astrolog韆 lo que entender韆mos hoy como Astronom韆—, dedicada a predecir los meteoros, e imprescindible para el conocimiento de las estaciones, el calendario y las 閜ocas de las faenas agr韈olas, y la Astrolog韆 judiciaria lo que hoy entendemos como Astrolog韆 a la que critica en el pasaje del mono astr髄ogo. En Cosmolog韆 se muestra seguidor de Ptolomeo. Aunque los historiadores de la ciencia solemos mantener que Cop閞nico fue bien recibido en nuestro pa韘 exactamente por cuatro autores, aunque tampoco muchos m醩 sab韆n leer y en el siglo XVII se le introdujo en el 蚽dice de libros prohibidos, el Quijote demuestra lo alejado de sus principios con los conocimientos de las pocas personas informadas. Como siempre, emplea las nociones de Cosmolog韆 para la broma y la risa; as? en el episodio del buque encantado, creen haber atravesado el Ecuador y encaminarse hacia las Indias Occidentales; Don Quijote se lamenta, ante Sancho, de no estar en posesi髇 de un astrolabio, mediante el cual podr韆 determinar la altura solar. En el episodio del Clavile駉, cuando Sancho se transforma en Don Quijote y Don Quijote en Sancho, los duques les quieren hacer creer que han volado por los espacios siderales. Acogido a sus conocimientos cosmol骻icos, Don Quijote deduce que o Sancho miente o Sancho se enga馻, aunque, en este cap韙ulo, nos da una muestra maravillosa de tolerancia y piedad para con su compa馿ro y consigo mismo. Sabedor de que Sancho pone en duda su aventura en la cueva de Montesinos, le propone llegar a un acuerdo: “T? crees lo de Montesinos y yo lo de Clavile駉, y no se diga m醩”.

  

 

    

  

 

La alquimia era el conocimiento paradigm醫ico sobre lo que hoy llamamos Qu韒ica. Estaba compuesta de unas serie de saberes de laboratorio o espag韗icos, y otros de tipo m韘tico o psicol骻ico que han sido estudiados, entre otros, por Jung—. Cervantes conoce perfectamente su l閤ico, aunque lo emplea de manera po閠ica. Esto no es raro en la actualidad: Andr?Breton, Antoine Artaud y los surrealistas lo vulgarizaron. En el siglo XVII resulta m醩 llamativo. De aqu?surgen algunas interpretaciones que hacen a Cervantes adepto al ocultismo en Roma, y otras que han querido interpretar el Quijote en clave de la ‘gran obra de los alquimistas’. Tambi閚 hay otros que lo hacen en clave cabal韘tica… Cansinos Assens, en La novela de un literato, recogiendo las palabras del erudito Abraham Yahuda, del primer tercio del siglo XX, escribe: “Mire usted, eso del cervantismo es aqu?una monoman韆 nacional… Todos esos cervantistas est醤 algo toqu閟… Vienen a ser como cabalistas de Oriente. Creen descubrir en el Quijote cosas que nadie ve sino ellos… y lo cierto es que no saben nada”.

 

Tecnolog韆

Los molinos de viento y los batanes eran las m醧uinas representivas de lo m醩 granado de la tecnolog韆 renacentista. El llamado Rey Prudente hab韆 sido muy amante y protector de todo tipo de artefactos y “maquinarios”. Se hizo famoso el ingenio para subir el agua del Tajo a Toledo; no menos la ceca segoviana, transportada desde El Tirol, pieza a pieza y servidor a servidor.

Ya Unamuno interpret?la carga de Don Quijote contra los molinos como un ataque a la ciencia y al materialismo. No s?#8230; Evidentemente, al hidalgo le resulta molesto. Las m醧uinas supon韆n el principio del fin de su mundo. Sancho, la otra mitad de don Quijote, no su antagonista, como supon韆 Don Miguel de Unamuno, le sigue, advirti閚dole del delirio y, ante su temor a los batanes, se r韊. Para Sancho, el escudero, el agricultor, el muerto de hambre, la tecnolog韆 supon韆 la esperanza de una vida mejor, aunque tard?siglos en manifestarse. Cervantes expone los sentimientos de ambos.

 

Medicina y terap閡tica

En el Quijote aparecen pocos m閐icos, un boticario, de refil髇, y algunos cirujanos. Es normal. Lo mejor de la acci髇 transcurre en aldeas y despoblados; all?s髄o hab韆 cirujanos romancistas que actuaban a la vez de barberos y sangradores y algebristas a quienes acude Sans髇 Carrasco cuando es derrotado, la primera vez, por Alonso Quijano, para curarse. Un m閐ico est?presente en su muerte. Diagnostica fiebres cuartanas y melancol韆 como causas del deceso, aunque a m?me parece que fue una indigesti髇 de realidad. Aparece otro en la 韓sula para embromar a Sancho. 蓅te, Pedro Recio de Tirteafuera (‘tirte fuera’ quer韆 decir, en 1605, ‘ete!’) es un esperpento, si se me permite mencionar el t閞mino tantos siglos antes de la escritura de Valle-Incl醤, con varios de los estereotipos de la 閜oca; le impide comer a Sancho, pero Cervantes no se preocupa de mirar las dietas de Lobera de 羦ila o Francisco Nez, suficientemente grotescas en s?mismas; se inventa otras para hacernos re韗.

En la literatura contempor醤ea, los m閐icos son extraordinariamente maltratados. No es de extra馻r: su impotencia terap閡tica resultaba pat閠ica y, pese a ello, no se rindieron, siguieron cuidando a sus pacientes y recetando esperanza. Cervantes los trata much韘imo mejor; a los sabios, como a las Santas Escrituras o las leyes reales, los pone sobre su cabeza. No en vano era hijo de cirujano romancista y nieto de m閐ico cordob閟, seg鷑 unos jud韔 ?/span>por qu?no morisco?, de donde podr韆 salir su pitorreo con el supuesto traductor del Quijote.

 

La locura del protagonista

    

    

En el Quijote sobresale la locura del protagonista. Su creador as?lo quiso. Pudo inspirarse en Huarte de San Juan, quien describ韆 un tipo en donde tanto la raz髇 como el sentimiento permanecer韆n normales, pero no as?la fantas韆; hay cientos de p醙inas escritas sobre el tema. Incluso algunos pretenden psicoanalizar ya no a un personaje hist髍ico, sino a uno literario… u?dir韆 Yehuda! Parece existir un cierto consenso sobre el car醕ter de juego literario, bien estudiado por Torrente Ballester, empleado para decir lo que le viniera en gana sin demasiados peligros de ah?sus tard韆s semejanzas y relaciones con la t閏nica de los erasmistas. Don Quijote sufri?una discreta locura, pero no acab?en el manicomio, adonde lo llev? Avellaneda.

Aparecen varias enfermedades s韋ilis, azogados, apopl閖icos, tocados de viruela... y varios remedios. Don Quijote, el pobrecillo, es apaleado desde las primeras p醙inas. Navokov se ha sentido asombrado por la crueldad del texto. La Barroca era una sociedad cruel. Si no, l閍se el Discurso de mi vida, del aventurero y espadach韓, amigo de Lope, Alonso Contreras o los Piratas de Am閞ica, del cirujano ingl閟 Alexander Oliver Exquemelin. Para curarlo, Cervantes acude a los remedios simples, el romero que le ponen los cabreros en su oreja o los emplastos, del mismo simple arom醫ico, aplicados por la Maritornes; serv韆n de poco, lo mismo que los polif醨macos de las boticas.

Su remedio por excelencia es el b醠samo de Fierabr醩, el mecanismo de una inmensa y desternillante broma. Seg鷑 la saga de Carlomagno, Fierabr醩 habr韆 robado en Jerusal閚 los 髄eos de la unci髇 del cuerpo de Cristo: era la reliquia de las reliquias. En primer lugar, se burla de la credulidad de las novelas de caballer韆, pues curar韆 todo, incluso cuando, en la batalla, le partieran por la mitad; como la s醫ira era demasiado para la Inquisici髇, se olvida del car醕ter sacro y empieza a jugar. Sancho le llama Feo Blas, con lo que de Fier de Bras, “orgulloso de sus brazos”, pasa a Fierabr醩 y de all?al Feo Blas. Don Quijote proporciona una sencill韘ima receta a base de romero, aceite, sal y vinagre; se r韊 de las oraciones de los curanderos y de los f醨macos pseudom醙icos de los boticarios y nos proporciona alguno de los momentos m醩 divertidos de la novela.

El Quijote puede leerse del principio al fin, del fin al principio, o escogiendo algunos cap韙ulos. No es la Biblia; todos los textos han de emplearse para nuestra finalidad. Si uno es sanitario, quiere divertirse, pasarlo bien, reflexionar un poco y perfeccionar el castellano, puede empezar por leer todo lo referente al b醠samo del bueno de Feo Blas, o lo relativo a las dietas a que le somet韆 el m閐ico de los duques a Sancho en la 韓sula Barataria.

Cuando huyen de all? le recuerda don Quijote: “La libertad, amigo Sancho, es el m醩 preciado don de los seres humanos”. Tampoco, ahora yo, digo m醩.

 

 

Art韈ulo publicado en la revista digital EL M蒁ICO INTERACTIVO, N.?/span> 1576, Febrero de 2006.

  

  

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Javier Puerto es patrono de la Fundaci髇 de Ciencias de la Salud y catedr醫ico de Historia de la Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creaci髇 Literaria y Humanidades. A駉 VI. N鷐ero 47. Enero-Febrero 2007. ISSN 1696-9294. Director: Jos?Antonio Molero Benavides. Copyright ?2007 Javier Puerto. ?2002-2007 EdiJambia & Departamento de Did醕tica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educaci髇. Universidad de M醠aga.

  

  

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