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N.º 41

JUNIO 2006

11

  

  
  

  

  

Murió Rocío Jurado; ha nacido un mito

  

  

Tú eres el sueño del alba,

la sábana de la aurora,

desnuda a la madrugada.

  

Canta, Rocío del mar,

Rocío primero de la mañana.

Ansias de los lentos barcos,

viento que llega y no pasa.

  

Canta, quédate en el sueño,

quédate para siempre y no te vayas...

 

Rocío del mar de Cádiz,

faro que nunca se apaga.

 

Canta siempre, amor Rocío...

Canta... Canta... Canta... Canta...

  

RAFAEL ALBERTI

 

  

  

SUR & ABC|Jueves, 2 de junio de 2006

  

R

ocío Jurado falleció en su casa de Madrid a las 5.15 horas de la madrugada de ayer. La artista, que llevaba días semiinconsciente, entró en coma profundo el pasado miércoles, en lo que ya se preveía como el desenlace fatal de la lucha que mantenía desde hace casi dos años contra el cáncer de páncreas. La muerte le sorprendió «tranquila, sin grandes angustias y rodeada de los suyos, como había deseado». Así lo expresó su hermano, Amador Mohedano, poco después del fin. Hoy, a mediodía, será enterrada en el cementerio municipal de su Chipiona natal, tras una misa a las doce en el santuario de Nuestra Señora de Regla.

  

La muerte la encontró peleando

     
     

  

Si no la más grande, ella ha sido la de la voz más potente, la prima donna de las folclóricas. Con su timbre operístico, sus ampulosos trajes de noche y su melena de fuego, Rocío Jurado, cantando, defendía el territorio escénico como una fiera. Cuando le tocaba hablar ante una cámara, rebajaba mucho el tono y gesticulaba elegantemente con sus bellas manos de dedos largos y uñas esmaltadas, tratando de ocultar, tras un velo de finura, toda la pasión que llevaba dentro. La Jurado siempre fue un volcán, hasta en el modo de enfrentarse a su enfermedad. Con un coraje ejemplar, optó por luchar a brazo partido contra ella. Y aunque el enemigo le ha ganado la batalla, la muerte la encontró peleando.

  

Unos datos biográficos

María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado nació el 18 de septiembre de 1944 en Chipiona (Cádiz). Vino al mundo en una improvisada escuela de canto, porque sus padres, Fernando Mohedano, zapatero de profesión, y Rosario Jurado, ama de casa, eran dos portentos del flamenco, aunque nunca se dedicaron a la canción profesionalmente.

Rocío era la mayor de tres hermanos. Los otros dos, Amador y Gloria, han permanecido siempre cerca de ella. Amador ha sido su representante y en Gloria se inspiró para ponerle nombre a su hija adoptiva, Gloria Camila. Y es que la chipionera no concebía la vida lejos de los suyos: son «mi gente», como se dice en el Sur. La familia y la canción, y su idolatrada Virgen de Regla fueron sus tres principales pasiones.

Rocío estudió en dos colegios. En uno de ellos, en La divina Pastora”, colegio religioso de monjas de Chipiona, fue donde aprendió a cantar desde muy niña. A la joven Rocío le gustaba mucho la música clásica, pero lo que ella más amaba era el flamenco y las coplas, esas canciones populares que tan a menudo oía cantar en casa. Su primera presentación en público tuvo lugar en una obra que se representó en su colegio. Tenía ocho años.

  

«La Niña de los Premios»

En 1958, con apenas 14 años, logra su primer premio en Radio Sevilla, en un programa de canto de coplas que se transmitió desde el teatro Álvarez Quintero de Sevilla. El premio fue 200 pesetas, una botella de gaseosa y un par de medias. A Rocío le llegaron a llamar La Niña de los Premios, ya que ganaba todos los premios de las emisoras de radio en que participaba. Pero su ambición no era seguir viviendo de los premios de la radio. Ella quería volar mucho más alto que las gaviotas que vuelan sobre las crestas de las olas del mar de su Chipiona.

Cuando sólo contaba 15 años, una gran pena rasga el corazón de Rocío: muere su padre. Económicamente, la familia no quedó bien parada, así que Rocío y su familia se fueron a vivir a casa de la abuela. Rocío fue zapatera y trabajó en la vendimia por un jornal, pero, en el fondo, ella sabía que lo suyo era cantar, cuando podía participaba en los concursos que convocaba Radio Sevilla con el patrocinio de alguna firma comercial importante.

  

No fue un camino de rosas

La trayectoria profesional de Rocío, igual que la personal, nunca fue un camino de rosas. Rocío soñaba con ir a Madrid para darse a conocer y hacerse una artista de las grandes, pero tuvo problemas con su abuelo. El hombre pensaba que el mundo de los artistas era medio oscuro, promiscuo; que los artistas son gente de mala vida, y no le dio permiso para ir.

  

     

  

Dando cuenta de un fuerte carácter que luego se convertiría en su santo y seña, Rocío se declaró en huelga de hambre y así estuvo 10 días, hasta que su abuela se decidió por intervenir a favor de la nieta. Su abuelo cedió y le dio 8.000 pesetas a su madre para que Rocío emprendiese el viaje de sus sueños. Pero nada más llegar a Madrid, ambas pillaron un fortísimo catarro que las obligó a guardar cama varias semanas y casi las envía de vuelta a Chipiona.

Rocío creía que, al llegar a Madrid y al escucharla cantar, todo sería como una varita mágica, pero no contaba ella con los obstáculos que le esperaban. Los días pasaban y el poco dinero que tenían se les estaba agotando. Fue entonces cuando Rocío se acordó de una señora madrileña que había conocido en su pueblo y que siempre le decía que, cuando fuera a Madrid, la llamase, que ella la ayudaría.

Concha Fernández, que así era el nombre de esta señora, la presentó a las grandes figuras del flamento de la época, como la Niña de los Peines, Manolo Caracol y Pastora Imperio, quienes, al escucharla cantar, quedaron prendados de aquella joven promesa, hasta el punto de que decidieron contratarla en su tablao El Duende, donde la joven chipionera pronto empezó a despuntar. Como Rocío era menor de edad, tenía que vestirse con ropa que la hiciese verse mayor, ya que entonces no permitían trabajar a los menores en los espectáculos.

  

Su encontronazo con Concha Piquer

Por este tiempo, Rocío recibió un desaire de quien menos lo esperaba. Ella admiraba a la entonces Señora de la Copla, a Concha Piquer. Un día, Rocío fue presentada a Doña Concha, ante la cual Rocío cantó dos temas suyos: Mañana sale y Romance de valentía, y la Piquer, como un jarro de agua fría, le dijo: «Tú vas a llegar muy lejos con esa linda cara dura que tienes», y, déspotamente, le echó en cara que nadie, ni siquiera artistas ya consagradas, se habían atrevido a cantar sus canciones y que Rocío tenía la desfachatez de hacerlo en su cara. Todas estas palabras calaron en Rocío en lo más profundo de su ser. Sin embargo... ¿intuía ya la Piquer que aquella jovencita de largas piernas y voz potentísima iba a moverle el sillón?

  

Sus primeros triunfos

En 1968 fue seleccionada como Lady España y, el año siguiente, gana el tercer puesto en el certamen de Miss Europa, celebrado en Italia. Este mismo año, en 1969, el éxito le llegó a través del espectáculo Paso Doble, que puso en cartel el maestro Solano en el teatro de la Zarzuela, en Madrid. Éste le proporcionó sus primeros éxitos con canciones como Un rojo clavel y Tengo miedo, canciones que hasta los niños de entonces, con tener poco de folclóricos, nos quedábamos extasiados ante tanto poderío.

También el Séptimo Arte se hizo eco del bien hacer de Rocío, y así debutó con Manolo Escobar en la película Los guerrilleros (1962), a la que siguieron Proceso a una estrella (1966), En Andalucía nació el amor (1966), Lola la Piconera, basada en la obra de José María Pemán y rodada para TVE en 1970; Una chica casi decente (1971), La querida (1976), El amor brujo (1986), aunque quizá el éxito de su carrera musical y sus múltiples compromisos no le dejaron mucho tiempo para triunfar también como actriz del celuloide. Sus dos últimos títulos fueron Sevillanas (1992) y La Lola se va a los puertos (1993). También llevó al teatro Cancionera, y en Argentina, Rocío rodó una serie de películas, algunas de ellas para la televisión, que no llegaron nunca a exhibirse en nuestras pantallas, ni siquiera en Televisión Española. Cuentan títulos como La zapatera prodigiosa, un musical sobre la obra de Federico García Lorca; De Madrid al cielo, Lola Montes y Aquellos tiempos, película por la que fue nominada como mejor actriz al premio “Martin Fierro”, uno de los máximos galardones que se otorgan en el cine de aquel país. 

Lejos de España. Por esta película, Rocío fmás importante que se otorga en el cine de Argentina.

  

Rocío y Pedro

  

     

  

Rocío aumentó su fama casándose en 1976 con una gloria nacional: el campeón mundial de boxeo, de peso Welter, Pedro Carrasco. Al cabo de un año nació su única hija biológica, que más tarde sería conocida, a su pesar, como Rociíto. Por esa época, la cantante recibió otro duro golpe. Su madre murió de cáncer de páncreas. «Lo que se llevó a tu abuela, ahora me quiere matar a mí», le confesaría años después la cantante a su hija, al conocer su enfermedad. No se equivocaba.

Pero en los años ochenta, aún faltaba mucho para eso. Fogosa y desinhibida, la Jurado, que en el cine hizo de guerrillera, de zapatera prodigiosa y de Lola la Piconera, sorprendió una vez más llevando la fiebre del destape al mundo de la copla. Ella fue la primera que cambió la bata de cola por el traje de noche. La única que se atrevió a lucir en los platós televisivos escotes tan generosos que apenas podían contener una delantera aún más sobresaliente que su voz. Así vestida, o mejor, desvestida, tenía el cuajo de cantar cosas como: «Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo...», o también: «Se nos rompió el amor de tanto usarlo». Y así debió de ocurrir en su matrimonio, porque en 1989 se separó, civilizadamente, de Pedro Carrasco.

  

Del boxeador al torero

Tres años después, en 1992, mientras representaba el espectáculo Azabache, en la Expo de Sevilla, Rocío se enamoró de José Ortega Cano. De un boxeador, pasó a un torero. El amor le llegó «Como una ola», igual que su canción, pero como una ola de varios metros de altura. En cuanto logró la nulidad, volvió a casarse por la Iglesia.

Cuando Rocío supo que tenía cáncer, en verano de 2004, la mala racha mediática ya había pasado. Su hija mantenía una relación estable con Fidel Albiac y vivía alejada de los turbios negocios del ‘corazón’. Sus dos hijos menores crecían sanos, y su marido, incapaz de retirarse del todo, cada vez toreaba menos. Los dos estaban muy ilusionados porque su finca, La Yerbabuena, empezaba a ser explotada como escenario de banquetes y celebraciones.

  

Llamó al cáncer por su nombre

La noticia de la enfermedad fue un mazazo. Convocó a la prensa, llamó al cáncer por su nombre y anunció que estaba dispuesta a luchar. Y comenzó una peregrinación a Houston, con la misma fe y alegría con la que acudía al Rocío. Ese gesto de valentía y coraje animó a muchos enfermos y contribuyó a restaurar su imagen. Ahora era por unanimidad, “la más grande”, como se titula uno de sus discos más recientes y polémicos, por lo osado del título.

  

Nunca estuvo sola

Mucho más delgada, pero con excelente imagen, Rocío reapareció por última vez en televisión en diciembre, en un emotivo concierto y en una entrevista realizada por Jesús Quintero. «No estoy curada, pero sí dispuesta a seguir adelante», dijo al Loco de la Colina. Fue su último y quizá más sincero testimonio. En él confesó que, antes de la primera y larga operación, tuvo terror a morir sola, sin poder despedirse de los suyos. Pero Rocío no ha estado sola, como temía, porque sus seres más queridos [y España entera] la han rodeado en todo momento, en Houston o en Madrid, para que ella pudiera sentirlos, hasta el último suspiro, a su lado.

  

Rocío, en Chipiona

El santuario de la Virgen de Regla de Chipiona (Cádiz), que se encontraba repleto de gente, acogió la capilla ardiente con los restos mortales de Rocío Jurado, y se cerró al público a las diez de la mañana, tras haber permanecido abierto durante toda la madrugada y recibir la visita de miles de personas.

Tras el funeral, que fue oficiado por el obispo de Jerez, Juan del Río, el féretro, cubierto por las banderas de Andalucía y de España, abandonó el santuario a hombros de familiares poco antes de las 13.00 horas, con dirección al cementerio donde recibirá sepultura.

Entre los familiares que portaban el féretro, destacaba, en un primer término, José Ortega Cano, viudo de la cantante, y su hermano y representante Amador Mohedano, quienes pudieron comprobar el atronador aplauso con que las miles de personas que rodeaban los alrededores del santuario daban su último adiós a la tonadillera más conocida, a “La Más Grande”, a Rocío Jurado.

  

  

  

Con esta sencilla composición de textos, GIBRALFARO ha querido rendir un humilde pero sentido homenaje a una andaluza que fue reina de la copla, a una cantaora de raza que enardeció con su voz los mejores tablaos, a la tonadillera que paseó el nombre de España por el mundo entero, a ‘La Más Grande’, a Rocío Jurado, ‘La Voz de España’.

  

  

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 41. Junio 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 SUR & ABC. Todos los derechos reservados © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga.