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N.º 40

MAYO 2006

6

  

  
  

Luna Mensajera

Marcelo D. Ferrer  

  

LUNA MENSAJERA
 
     Luna:
cuando llenes el horizonte
de tu faz iluminada...
búscala a ella,
dile que la amaba.

     Que cada noche
en el campo la esperaba
para adorar la belleza
que toda de ella
tú bronceabas.

     Dile, luna mía,
que no hay suspiros
ni gemidos... ni sabores,
que han perdido
aroma las flores...
y que es fango nuestro lecho
de pastizales hecho
bajo el infinito techo
de tu presencia glamorosa.

     Luna, ve y dile
que bajo la diáspora de las estrellas,
entre constelaciones de luciérnagas
y rocío de cometas,
donde centellea lumínico
tu nocturno amanecer, aún la espero...
velando su recuerdo,
deseándola con todo mi ser.

     Dile
que le perdono la ausencia
y la perfidia...
y la huida en el silencio de los grillos...
     Haz que vuelva
para aromatizar los gemidos...
     Que vuelva
para iluminarse junto a mí
bajo tu celestial brillo.
  

 

DESENCANTOS
 
     La imagen se hizo vidriosa y se desplomó.
(Mudos despojos estallaron vanos.)
     Gira y se marcha,
pero se queda.
     Se sienta, se para, se pasea,
se dobla, se abraza...
     Blande unas lágrimas consabidas
y detiene la inercia para mirarse.
     Hiel que aspera labios,
desencanta, enajena
somete...
     Devora encimas de integridad.
¡Brumos de espanto!
(en una conciencia imprecisa).
    Así,
sórdida en conjeturas
e inhábil de manos y de labios,
se escruta adivinando
para rendirse
sin decirse nada...
hablando...
     Y como suave y dispuesta mejilla de santo,
resigna sus encantos y se retrae...
     Se apea de la vida en el anden de la muerte
y ve pasar laxas todas las horas siguientes.

  

  

POR AMOR
 
Amanece de embrujos una salinidad opaca.
Busca en el alba verse a sí misma por el sol encantada,
para borrar la pena del que ha quedado sin nada.

Renuente e imprecisa se adentra en su propia sisa,
escarba por dentro del sonido de aquella risa
y busca los brazos que al alba la aferraban...

     —¡Ya no está!
     —Se ha marchado a los lúgubres confines del averno
y le han tapado con lozas el día de su entierro.
Lava la ira su otrora sonrisa de dama.
Las horas como lanzas hieren su tolerancia,
¡mordiendo bajo sus uñas!
la-miéndo-le las entrañas.

Consuela su madre al salado ángel de lágrimas.
     —Shhh! ¡Calma!
     —Borra aquello de impartir a Dios condena.
     —Busca destellos que hagan pretérito tu deambular incierto.
     —Como cada mañana, ¡mírate a la cara!
ha pasado la hora de las revanchas...

     —¿Que la parca lo ha cubierto todo de mortajas?
     —¿Que como conjuro ha caído sobre ti la desgracia?
     —¡Niña, ¡ve!, ¡lava tus lágrimas!
     —Ponte rimel y un poco de esa loción barata,
que en pocos días habrás olvidado al que amabas.

...   ...   ...

Amanece de embrujos la salitre esquirla que lleva clavada.
La niña no suelta la mano a su desgracia.
Es que lo amaba...
¡Lo amaba!

La mañana espía tras las lomas.
La niña no amanece de gemidos, ya... ni estorba.
     —¡La niña está en su cama!
...sola
como blanca inmaculada sal piadosa,
sobre un naufragio rojo cual si fuesen rosas.

  

  

VENGANZA DE VENANCIO
 
     Viene ahorcajada
sobre zaino malecón
con cara de adiestrador
desatando algazaras

     Venancio Salas
de fragua africana
va de a pie a la loma
cerca a la alambrada

     Desviste de su vaina
pulcra hoja acerada
y como alimaña
acorralada hace atalaya

     El pituco paisano
recitador y farabute
hijo de archiduque
repite su costumbre

     Créese ser él
impúber impune
y que la muchedumbre
un manso cardume

     A Venancio no le alude
la parada matrera
del petulante agujeta
y no anacoreta la reyerta

     Con el acero en su mano
baja de la loma al llano
y se pone frente al zaino
para torear al paisano

     El petulante desalmado
al ver al africano
recuerda a la china
y los gritos de la perra

     Aquella violación callejera
la sangre en la acera
del hijito de ella
ensartado en la quimera

     Venancio no da rienda
lanza daga justiciera
directo al entrecejo
p´ borrarle la mueca

     Una luna agorera
se clava en el horizonte
mientras el negro se esconde
el otro tieso va a la morgue

     Un fruto de albaricoque
sacia su hambruna citadina
lo buscan por el monte
y por el chocerío de adobes

     Muralla asardinada
estructura ahuecada
cavidad de alimaña
de negrura atiborrada

     Por culpa de la emisaria
denuncian su estancia
al negro lo atrapan
para su desgracia mulata

     Sin juicio y con castigo
al cuello un ñudo
de tiento de ovino
su culpa: negro ladino

     No hay pueblada india
hay algazaras y risa
blancura sodomita
y más que todo, injusticia.
  

  

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Marcelo D. Ferrer (La Plata, Buenos Aires, Argentina) es licenciado en Economía y ejerce la profesión de contador público en su ciudad natal. Escritor desde temprana edad, sus primeras publicaciones las realizó con el seudónimo de “McLitton” en la sección “Arte y Cultura” de la «Revista Notarial del Colegio de Escribanos» de la provincia de Buenos Aires. Autor de poemas, reflexiones, cuentos y ensayos, colabora en diversos medios periodísticos de Argentina y en múltiples revistas digitales.

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 40. Mayo 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Marcelo D. Ferrer. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España).

  

  

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