N.º 28

MARZO 2005

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DIBUJANDO ENSOÑACIONES

Xenia Mora* 

 

  

DIBUJAN MIS OJOS TU ROSTRO

Dibujan mis ojos tu rostro

en la última luz de la tarde.

Voy con los pies descalzos

sangrando esquirlas de congoja.

  

Oigo un murmullo de  duda

desde el pedregal del río,

añoro  la caricia de los sauces

vastedad de tus manos puras.

  

Humedece el jazmín de mis versos

sin poder encontrar tu huella.

Un tristísimo presagio espanta

y estremece mis latidos.

  

Solaz de mi vida,

en tu arbolar acúname,

que soy hoja a la deriva

anhelando tu sosiego,

y torna  pronto a mi ribera

que está tiritando  ausencia.

  

  

CAMINO DESCALZA

Camino descalza

por los senderos de mi historia,

mientras mis manos se sumergen

en manantiales de esperanza.

  

Camino descalza

tras el velo sutil de rostros de apariencias,

y en libre vuelo voy, con la piel desnuda,

buscando el horizonte por donde sale el sol.

  

Camino descalza

cuando nos maquillan la Dignidad

por el deber obsoleto inobjetable.

La mía posee raíces siempre eternas.

  

Camino descalza

sobre los vidrios rotos de la nostalgia,

que esgrime la adversidad

de mi auto exilio.

  

Caminando descalza,

en un tiempo, no sé cuando, cruzaré el puente

con mi ilusión a cuestas

y sabré como llegar al destino de mi alma.

  

  

ÁNGEL CAÍDO

¡Qué ilusión traía!

Tomó de equipaje su alma.

Remontó el vuelo de pájaro,

siguió las huellas de sus cantos.

No importaba nada.

Rodaron los tules del pudor

en el clamor de sus ansias

y fundieron su piel en una.

  

¡Qué ilusión traía!

iba en busca de sus brazos,

mil espadas estrujaron su ser.

Ella ya lo sabía.

No importaba nada.

Encontró por fin a su amado.

Sólo anhelaba beber del dulzor de su mirar,

aunque en ello se le fuese la vida...

  

  

JARDÍN EQUIVOCADO

Eclosiona en eco la flor dormida

del letargo invernal que la ensoñaba,

anhela tocar con sus labios la luna

y beber del elíxir con exuberante deleite.

  

Se viste de perfume y nácar,

sale en busca de su  ruiseñor

bailando va con la luna ensortijada

para escuchar sus canciones al alba.

  

Mas el péndulo de la noche gira a contramano,

borrascosos caminos la sobresaltan,

sangran  espinas de su utopía

y suena la alarma de regreso.

  

Arden sus pétalos en holocausto,

lívida está con los pies descalzos

y encuentra su sed una copa vacía

en el jardín equivocado.

  

  

BEBÍ DE TUS OJOS

Bebí de tus ojos,

tu bebiste de los míos,

y, en un haz de luz,

nacimos primavera.

  

Bebí de tus ojos

claves de sol

que entonaban himnos de ternura

nuestros pentagramas en uno.

  

Bebí de tus ojos

el verde de los campos,

con el fulgor de tu luz

me alimenté de tu horizonte.

  

Bebí de tus ojos

el gozo por la vida,

me así de tu mano

y me sentí embelesada.

  

Bebí de tus ojos

un cielo de paz,

que alivió el camino

de mi boleto de partida.

  

Bebí de tus ojos

tus pensamientos más dulces,

que besaban los míos

como yo besaba los tuyos.

  

Mientras bebía de tus ojos

y mis labios reían con tus labios

aromas a hierba húmeda,

mi alma, muy calladamente,

iba dejando lágrimas diversas,

lágrimas de nuevas alegrías,

lágrimas de tristeza al marcharme:

  

te las dejo, mi amor,

para que riegues nuestro jardín

hasta el día de nuestro encuentro.

  

Aunque tú sabes,

que bebiste de mis ojos

hasta el último pliegue de mi vida.

  

  

ECO DE SU VOZ

Te habita en misterio de resonancia

el dulce eco de su voz amada.

Eres la esencia pura del sacrificio

en diluvio del sentimiento ahogado.

Vas acallando los pétalos en flor

que se desbordan arrobados de tu cuerpo.

  

El eco de su voz te cubre de luces

en espejos con prismas de colores.

En sueños, te transportan

a sus manos que hablan con  tu piel

y, en suaves susurros de palomas,

invaden tus rincones solitarios.

  

Rozas tus labios en sus palabras

para mitigar el sonido de su ausencia.

Cultivas  rosas azules de los vientos

en ofrenda de tu cáliz de esperanza.

Así, lentamente, te vas quedando dormida

arrullada por el eco de su voz.

  

  

REMITENTE SIN CORREO

Ya no sé dónde caminarán mis palabras,

si en arpegios de partituras inconclusas,

o en las alas de un pájaro que canta

―trovador de mensajes errantes―.

  

Ya no sé si se irán con el viento de las mareas,

o con las aguas mansas del horizonte ignoto,

o se perderán solitarias en las rutas de mi memoria.

  

Sólo tengo como destinatario: el infinito azul,

una lámpara que alumbra,

mis  pestañas palpitando

y tus ojos transparentes al pensarte.

  

La remitente: mis alas con perfume a jazmín.

Mi alma: bordada de tímido trébol en flor,

mientras la acacia va  creciendo...

―esperando―.

  

  

  

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*Xenia Mora (Mendoza , Argentina) es docente y amante de la literatura desde la niñez. Autora de tres poemarios, que permanecen aún inéditos, colabora con asiduidad en diversos webs y listas de España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina y Brasil, así como en varias revistas literarias de Mendoza. Ha colaborado asimismo en tres antologías poéticas colectivas editadas por el foro ‘Sensibilidades’ y es miembro activo del Taller Literario “La Colmena”.

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 28. Marzo 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Xenia Mora. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España).

  

  

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