FEBRERO 2005

4 / N.º 27

  

DE FÁUSTICOS SENTIMIENTOS

Francisco de Sales Sánchez Corrales

                                                   

 

  

ALMA EN VENTA

Inmerso en la añoranza de tus añoranzas,

cautivo de tu presencia en un recuerdo,

agotado de tanto y tanto pensarte,

quise pedir un pozo negro profundo

para perder, de vista y de ausencia, tu cara.

  

Desesperado, desesperanzado, deshecho,

al borde de encontrar la vida en mi suicidio,

busqué un demonio negociante, no usurero,

a quien dar mi alma a cambio de tu cuerpo.

  

No acudió a mi pregón ningún diablo.

     ¿Tan poco valgo?

     ¡Tan poco valgo!

Un alma como la mía, torturada, sufrida,

siempre fue querida para uno de estos tratos.

  

¿Sería compasión del demonio no acudir a mi reclamo?

¿Sería que Dios le tapó los oídos y le distrajo?

¿O será que tu cuerpo vale mil vidas, mil almas?

  

Yo sólo sé que cada día estás más lejos,

que intento rememorarte y ya no te encuentro,

que te amo con desesperación,

que cada día, cada respiración, cada sueño,

la distancia crece y el infinito es cada vez más grande.

  

  

  

JURO QUE ES LA ÚLTIMA LÁGRIMA

QUE ESCRIBO POR TI

Cada vez que he escrito sobre ti

he repetido un breve vocabulario:

llanto, soledad, penas, te odio...

pero mis poesías son más que palabras:

     son sentimientos.

Cada cosa que digo no es sólo una idea:

     está vivido.

Cada palabra que utilizo

quiere decir lo que dice.

Ahora cierro mi corazón a dolores que me envíes,

prohíbo a mi mente que piense en ti,

paso el borrador por el sitio que ocupabas,

quemo tu presencia en cada rincón de la casa,

     hago borrón,

con llorosas gotas que vienen a despedirte,

     y cuenta nueva,

con letras de oro engalanadas,

y juro que es la última lágrima que escribo por ti.

  

  

  

CALDO DE CULTIVO

La tarde lluviosa y mi estado triste

se aliaron para traerte a mi memoria.

  

Te rescataron del mundo de los olvidos

al que el tiempo y yo te habíamos condenado.

  

Fuiste apareciendo poco a poco:

primero, tu nombre,

después, el vínculo que nos mantuvo atados,

más tarde,

la imagen de la cara seca que expresaba tu rabia,

y, por fin, entre los muchos dolores y sufrimientos,

colándose por un resquicio o atravesando el muro,

un gramo de aquel amor que hubo,

aunque no sé qué hacía aún allí.

Con todos esos ingredientes se formó una pena

que me condujo, sin mi oposición, a llorar.

  

Y no supe qué hacer con mi llanto de hombre.

Quise esconderlo tras mis párpados cerrados,

pero encontraron una salida hasta el lagrimal;

quise ocultar la llorera detrás de mis manos,

como si fueran embalses conteniendo emociones,

pero se desbordaron por el rebosadero.

  

No tuve otra solución que salir a la calle

y mojarme entero, bautizarme todo yo,

para esconder mis lágrimas en la lluvia.

  

  

  

TINTA DE LLANTO

Por enésima enésima vez

vierto mis confidencias

en el papel receptivo.

  

Otra vez,

otra de las muchas,

me rodeo de música,

y de silencio,

extiendo mi corazón,

abro mis sentimientos,

despierto los recuerdos

y te recuerdo.

  

Y escribo con tinta de llanto.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 27. Febrero 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Francisco de Sales Sánchez Corrales. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa.

 

  

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