Enero 2005

6 / N.º 26

   

ELOCUENCIAS

Juan Antonio González-Cantú*

     

 

  

ELOCUENCIAS

     Estoy como deshabitado,

y a veces invoco la locura,

que lo cura todo

con indiferente sino,

si no, que lo diga el mayordomo de estrellas.

  

     Aparece una, en firmamento glacial;

era de prisa… no quiso responder.

Regresé a otear la lontananza

y ni gaviotas han de aparecer.

  

     Estoy, sin estar…

Conllevo un optimismo nato

que, aunque acalla celeridades lúdicas,

no acaba de fenecer.

  

     Me busqué en el bosque

de tu vida toda,

y di alcance

al cancel de tu estadía.

  

     Hallo tu sombra

que asombra mi nirvana,

y muero en tu recuerdo

igual que la añoranza.

  

     Perdí… he perdido…

la brújula sin remedio;

remedo soy de ocasos,

pero si al llamarte me respondes,

entonces, entonces…

                            vivo.

  

  

  

PERCEBIMIENTO

  

                                         (Quinto aniversario)

  

No morirás del todo, cavilo infinitamente

sobre ese mausoleo reiterante de ecos.

Vives en mí, en el recuerdo añoso de mi mente

como en la plegaria perenne y vacilante.

  

No morirás del todo, discierno cabizbajo

porque en el fluir de mi torrente hemático

la información genética acompasa mi actitud:

                       herencia de tu estirpe milenaria.

  

No morirás del todo, expongo meditante

porque el dejo sonoro de tu impávido acento

aún retumba de enseñanzas estimables

  

en torno a certero itinerario engendrador.

No morirás del  todo, propongo con firmeza:

cada descendiente reencarnará tu prédica.

  

  

  

ABULIA

Bajo a la estación.

Contemplo un anegado ambiente:

consuetudinarios clientes

en viaje a la desesperanza.

  

Busco,

tropiezo,

distraigo a los distraídos

que, sin ver, vuelven a subir

hasta otra parada,

otra estación abúlica:

nuevos transeúntes

que miran sin mirar.

  

Expongo un grito

que se quema en la garganta,

y se ahoga por salir

por unas fauces que se abren

y no musitan;

sólo

   piensan

      que lo hicieron.

  

¡Qué desesperanza!

Sólo buscamos la última parada

y cada estación

   contribuye…

      abulia…

         y desesperanza.

  

  

  

CONFLUENCIAS

Adusto tiempo el que marcó mi era,

peregrinar aciago en universo vario,

hasta que un sendero de inefable alcance

surgió perpendicular al paso tuyo.

  

Hubo dilación en la vereda al andar,

y se llegó a apreciar el canto de labriego,

con esa aroma diletante de leña al fuego,

y de hogaza en su molde al crepitar.

  

El calor de la senda abrasa y armoniza,

la errante brújula encuentra su magneto,

y el sextante añejo degusta el horizonte.

  

Así es que aprecio la mies en tu molienda,

retornando a aquellos senderos bifurcados,

que tasaron su fragancia con tu brisa.

  

  

  

CREPUSCULAR

Hay tardes crepusculares que esparcen miedo

al contemplar en la bóveda celeste

una errante bandada de cuervos.

  

Hay tardes crepusculares que esparcen miedo

cuando se ahoga un grito en el pecho

ante un aciago destino manifiesto.

  

Hay tardes crepusculares que esparcen miedo

al interpretar un silencio glacial

que denota un abandono trasiego.

  

Hay crepúsculos que esparcen miedo

cuando el corazón de vuelco se entrega

sin atestiguar cabal sustento.

  

Hay miedos que se esparcen en el crepúsculo

cuando al brotar un destino manifiesto

se niega a reconocer su mausoleo.

  

  

  

DESBORDACIONES

Cava horadante el mar penetrando en tierra virgen,

vuelco en demencial diluvio diletante;

y al atisbo de la aurora en su sitial constante,

demuestra  amoroso su erótico vaivén.

  

Presa y cazador… depredador y caza…

confundiendo con sus actos sus destinos;

y el vetusto mar, testigo de mil aciertos…

buscando raudo connivencias en su recorrido.

  

El ansiado oleaje irrumpe en tierra firme

arrasando mil cadenas de mil lustros de atavismos,

y la arena agradecida ante las olas,

  

se filtra audaz entre el desborde rectilíneo.

Y, con el canto de las olas en riberas,

se sigue a ultranza  con el rito vespertino.

  

  

  

_______________

*Juan Antonio González-Cantú (Matamoros, México, 1950) es Profesor Asociado del Departamento de Letras Hispánicas de la Universidad de Texas en Brownsville y funge como editor jefe del anuario de letras universitario «El Novosantanderino». En el ámbito de la literatura, cultiva tanto el aspecto creativo (poesía y cuento) como el investigador (ensayo crítico), y sus trabajos han sido publicados en diversas revistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, México, República Dominicana y Venezuela.

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año IV. Número 26. Enero 2005. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2005 Juan Antonio González-Cantú. Reservados todos los derechos © 2002-2005 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa.

 

  

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