EL DÍA DESPUÉS

Jorge Alberto Baudés

 

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EL DÍA DESPUÉS

Quién se acordará de ti el día después, y después

y después del después.

Quién se acordará de ti,

de todos tus demás días

y los demás, detrás de los demás.

Al menos, te quedará este poema

para tachar uno,

entre tantos olvidos.

   

   

   

FUE

Fue

primero semilla, luego brote

más tarde retoño.

  

Fue

suave capullo, crisálida etérea

candor de infante.

  

Fue

pasajera ilusión, acorde apagado,

sueño inconcluso.

  

Fue

otoño...

ocaso...

limbo.

    

    

   

LA CHIMENEA CHARLATANA

Es invierno y hace frío

cuando juego y salgo al patio

tengo un buzo como abrigo

y de piel son mis zapatos.

  

Miro al cielo y allí veo

que en bocanadas de letras

la chimenea del techo

con humo me hace señales.

  

De repente… me imagino

que ella es espía enemigo

y con espada de lata

de pronto la desafío.

  

Otras veces ella cuenta

historias de laberintos

imagino que es la torre

de un inmenso castillo.

  

Que lindo que es ser un niño

pues siento que el mundo es mío

y mientras yo me divierto

mis sueños son mis amigos.

  

  

  

ME DI CUENTA…

Me  di cuenta de que estabas esperando,

de que habías transitado la mitad de nuestro puente,

de que mirabas pensativa el pasar de los minutos

mientras crecía tu ansiedad del soñado encuentro.

  

Me di cuenta de que estabas esperando

y que de tantos suspiros construiste vientos

y que de tantas lágrimas formaste lagunas

y de tantas sonrisas construiste soles.

  

Hoy recorrí mi mitad de nuestro puente,

y allí estabas plena y radiante,

con las manos extendidas y anhelante,

ofreciéndome un abrazo

de miradas tiernas y besos pendientes.

  

Hoy, en el medio de nuestro puente,

NOS ENCONTRAMOS…

  

  

  

GOTAS DE ROCÍO EN LA PEQUEÑA ALDEA

Llegaron de repente una mañana.

Eran una pareja de mediana edad y, aunque sonrientes,

parecían dos adolescentes

atravesando aún su edad temprana.

  

El pueblo les sonría y, aunque curiosos,

les ofrecieron su franca bonomía pueblerina.

Tan cercanos al mundo concreto y, sin embargo,

inmersos en la apacible quietud de su universo.

  

¿Qué los trajo por aquí? —arriesgó el anciano

que aparentaba ser el dueño de la historia

atesorada en sus plateadas sienes

en las que quedaran entrelazados tantos años.

  

Pues éste, —prosiguió con voz serena—

es un pueblo tranquilo y diferente,

aquí la vida transcurre como arroyo

y desanda en el canto su magia saltarina.

  

La gente es simple, sus corazones grandes,

es solidaria, cordial y enamorada.

Sólo aquel que conozca las estrellas

podrá encontrar aquí la que buscaba.

  

—Pero vengan y pasen; no se arredren,

que ya he visto en sus ojos la esperanza.

Esta aldea será la gran familia

que a sus hijos, lejanos, esperaba.

  

Pues ya he visto que existe en sus pupilas

el mensaje de amor que es requerido

para entrar a vivir en esta aldea:

en lugar de ojos comunes, dos gotas de rocío.

  

  

  

PUNTA DE FLECHA...

Alma pétrea, silenciosa,

oculta la herida latente que provocar pudiera,

hondo surco que, al atravesar mi cuerpo,

quebraría la incolumidad de mi alma enceguecida.

  

De ti dependerá que su cruenta arista

no lastime la tersura del espejado lago

conformado por el entorno de hechizados sueños

que juntos construyéramos en mágicas búsquedas.

  

Punta de flecha, sensible señal,

al entretejer en complicidad nuestras historias,

marcó derroteros cuyos rumbos

confluyen al vértice de nuestro encuentro.

   

   

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año III. Número 24. Noviembre 2004. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2004 Jorge Alberto Baudés. © 2002-2004 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga. Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa.