ELLA... CUANDO ERA MÍA

  

  

ELLA... CUANDO ERA MÍA

Ella sonreía...

y al filo de la noche era orquídea.

¡Sostenme mientras bailo! —me decía—

y mis manos empecinadas en desvestirla.

  

Ella gemía...

y un aroma a lirios todo lo invadía.

¡Fusiónate a mi centro! —me decía—

y espasmódicos placeres la retorcían.

  

Ella dormía...

y las alondras le silbaban nanas vespertinas.

¡Te quiero más que a mi vida! —le decía—

y ella, en sueños, lo repetía.

  

Ella lucía...

del arco de mi brazo... asida.

¡Hay armonía en nuestros pasos! —me decía—

y una radiante ternura nos envolvía.

Ella... cuando era mía:

plasma que mi alma suspendía.

—¿Eres feliz? —me decía— 

Y de tan feliz que era, casi... fallecía.

  

  

  

 

DESPERTARES

Una musa sisea en los árboles

canto de despertares...

En sus capullos

los crisantemos perfuman el aire.

  

Las aves dejan huella en consortes viajes...

Con sigilo

mil ángeles colorean paisajes.

   

La tierra bulle bajo el tibio sol de la tarde...

En reverde romance

la vida hace su alarde.

  

Plenitud y despertares

como fauces voraces...

¡Igual

que mi suelta boca

en tus labios procaces!

   

   

   

   

PERFUME DE JACINTOS

A mi casi hermano: Gustavo Badi.

Saturado el aire de mordaz fatalidad,

in sécula cabalga la muerte como entremés de un sueño.

Espigas rotas de jacintos...

púrpura sanguinolento...

Maraña de maderos en estocada yugular.

Como gris nube de azar,

se disipa al fin la vida...

se viene la orfandad.

  

Tíñese la noche de negro plomizo...

Un viento e hiel,

aúlla los pinos asesinos.

  

—¿El potro? —En el cobertizo.

Apajado descansa sus bríos clandestinos.

—¿La niña? —Adolorida.

Aún no acierta dilucidar lo acontecido.

¿Y la ausencia?

—¡Como un filo se le mete a la cama entre los linos!

  

Del negro de la noche al negro vestido.

Mañanas de ojos que parecen llovidos.

Y no hay risas... ni perfume de jacintos...

  

—¿Y mi madre...?

—¡Se ha ido!

  

Desbocado el zaino en los trigos,

al bosque huyó despavorido.

Una estocada de pino,

la segó por el cuello...

quebró los jacintos.

   

   

   

   

POEMA DE LA DESCOMPOSICIÓN

Un puente hacia el infinito;

límite de destierro.

Hay una impostura

apesadumbrada

que ahueca la gracia.

Un apetito rasguña entrañas.

No se trasquila la esperanza

donde se asentó el ansia.

Sabiduría del errante

sobrevolando el paisaje.

Entre bambalinas: la mano sabia.

¡Pero no hay mano que por santa

te restituya en gracia!

Filigranas indelebles,

huellas sempiternas,

deleitosas bayas sega la evocación.

Solté lisonja de destierro...

a la nostalgia;

sin respuesta que satisfaga,

se conjuran las ánimas

desfalcando la esperanza.

Allí recalo

en confusión...

con mis sueños...

intactos.

  

  

  

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año III. Número 21. Junio 2004. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2004 Marcelo D. Ferrer. © 2002-2004 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga.